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LA
TIERRA ES NUESTRO HÁBITAT
Propuesta de un Programa de Apoyo a
Eco-hábitats para que puedan servir como Modelos en el desarrollo
de la Agenda 21
Prólogo
La propuesta de Gaia Trust/Global Eco-village
Network (GEN) de construir, a lo largo de todo el planeta, una serie de
ejemplos, a escala humana, de lo que puede significar en la práctica
"vivir sosteniblemente, puede proporcionarnos una manifestación
viva de la esencia de las recientes conferencias de las Naciones Unidas,
incluyendo el aspecto medioambiental de Río, el aspecto social
de Copenhague, el aspecto feminista de Pekín y por supuesto, el
aspecto de asentamientos humanos de Estambul.
Tenemos la esperanza de que muchos países, tanto del Norte como
del Sur, verán interesante apoyar "La tierra es nuestro hábitat"
—una propuesta para un nuevo tipo de experimento que podría
tener amplios beneficios para toda la humanidad—, al menos en el
momento en que hayamos de enfrentarnos a los problemas prácticos
de desarrollar sobre el terreno los contenidos de la Agenda 21.Contenidos
Introducción
por el Dr. J.T. Ross Jackson
J.T.Ross Hackson es el
presidente fundador de Gaia Trust, una sociedad sin ánimo de lucro,
que apoya a personas y proyectos dirigidos a orientar el planeta hacia
la sostenibilidad.
Resumen programático
La crisis de asentamientos humanos supone
un inmenso desafío, tanto para el Norte como para el Sur. Su solución
requerirá poner en marcha acciones muy diversas, si queremos avanzar
en mejorar la situación de los millones de personas afectadas.
Las ideas que aquí presentamos, directamente inspiradas en la Agenda
21, son un intento más de aproximación no ortodoxa al complejo
problema de cómo orientar el planeta hacia una sociedad de comunidades
sostenibles.
La esencia de la propuesta es apoyar, con un presupuesto de 100 millones
de dólares, la construcción de un número limitado
de pequeñas comunidades sostenibles (de 50 a 2000 habitantes, también
conocidas como ecohábitats o ecoaldeas), unas 50 en todo el globo,
en diferentes tipos de hábitats, en ciudades, suburbios y zonas
rurales, y en diferentes tipos de climas, en diferentes culturas, etc.,
partiendo de proyectos ya existentes, que hayan demostrado la voluntad
y la capacidad de llevar a cabo el trabajo.
La idea clave es proporcionar modelos que puedan ser imitados. La no existencia
actual de tales modelos ideales es una de las razones fundamentales que
hacen muy lento el camino hacia la sostenibilidad.
De abajo arriba
El aspecto no ortodoxo es doble. En primer
lugar, porque llevar a la práctica esta propuesta conlleva un importante
esfuerzo por hacerlo de abajo arriba, y no de arriba abajo, como se venía
haciendo tradicionalmente. La idea de partida es que los problemas son
demasiado complejos y diversos como para ser solucionados desde una perspectiva
tradicional de arriba abajo. Toda solución global debe tener en
consideración las grandes diferencias entre el Norte y el Sur,
entre el modo de vida urbano, suburbano y rural, y entre las diversas
tradiciones culturales. Por ello, la filosofía de esta propuesta
es partir de lo hecho por todas esas personas que, a lo largo y ancho
del planeta, se están dedicando a poner en práctica, con
sus propios y limitados recursos y con poca ayuda exterior, lo que los
gobiernos acordaron en la cumbre de Río: construir asentamientos
sostenibles que sirvan de modelos para toda la humanidad. Esto difiere
radicalmente del pensamiento tradicional sobre financiación, que
francamente hay que decir que no ha funcionado. Nosotros partimos de una
situación inversa: contamos con un potencial excepcional y bastaría
con asignar pequeñas cantidades de ayuda financiera a unos pocos
grupos de personas con enorme dedicación para que, si el programa
tiene éxito, se obtengan resultados que marquen una diferencia
real a nivel mundial.
Agenda común Norte-Sur
El segundo aspecto no ortodoxo de nuestra
propuesta consiste en que el movimiento de ecoaldeas sobre el que se asienta,
es un movimiento verdaderamente global, que une Norte y Sur en una agenda
común que atraviesa todas las diferencias culturales, raciales
y religiosas. En este sentido, merece la pena destacar la afinidad existente
entre todos aquellos que participan en la construcción de ecoaldeas,
independientemente de su lugar de origen. Parece por tanto evidente el
Surgimiento de una nueva visión global, una visión con la
capacidad de cambiar el mundo.
Necesidad de ejemplos
Cada proyecto elegido ha de servir para
mostrar a su manera qué soluciones da a los problemas que Surgen
del vivir sosteniblemente, utilizando tecnologías apropiadas, materiales
locales, conocimientos locales. Y quizá lo más importante:
cada proyecto ha de proporcionar soluciones que sean accesibles a todo
el mundo. En muchos casos las comunidades existen ya, y simplemente se
han de hacer más completas en ciertos aspectos, en otros, se iniciarán
comunidades completamente nuevas. En todos ellos, el objetivo es mostrar
en la práctica ejemplos de vida sostenible, para que otros puedan
aprender e imitar aquello que sea válido.
Iniciativa danesa
La iniciativa de esta propuesta viene de
Dinamarca, país que ostenta una larga tradición de éxitos
en experimentación social. El movimiento danés de cooperativas
de viviendas, iniciado en los años 60 y 70, es un ejemplo de una
forma innovadora de vivir en comunidad, que ha sido imitado en muchos
otros países con gran éxito. Dinamarca fue uno de los primeros
países en formar una asociación de comunidades sostenibles
(en 1993) y es el centro de la red global de ecoaldeas.
Sobre este folleto
Los tres primeros trabajos son emotivas descripciones sobre el estado
del planeta, subrayando el alcance de los problemas que deben ser abordados.
En el siguiente se da una idea de lo que debería ser una ecoaldea
para servir de modelo en el desarrollo de la agenda 21. Por último,
se describe el movimiento global de ecoaldeas y se presenta la propuesta
de Gaia trust/Gen con la que responder a la crisis global.
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Ecohábitat. Cumpliendo
el sueño de un niño
por el Dr. Rashmi Mayur
Rashmi Mayur es el Director
del Instituto Internacional para un futuro sostenible, Bombay, India.
Veterano medioambientalista y entregado conferenciante, es consejero de
las Naciones Unidas y de 15 países del Sur.
Un desafío a la supervivencia
La cumbre de las Naciones Unidas, Hábitat II, a celebrar en Estambul,
Turquía, del 3 al 14 de junio de 1996, es la última oportunidad
para hacer que los asentamientos humanos en el planeta sean sostenibles.
Es la cumbre sobre el futuro de la civilización urbana. El 48%
de los 5700 millones de personas viven en aglomeraciones urbanas y el
avance de la urbanización continuará más allá
del 2050, cuando 3/4 partes de la humanidad, unos 10500 millones de personas,
vivan en zonas urbanas.
El verdadero desafío para aquellos que preparan la cumbre de Estambul
es lo que el Dr. Wally N’Dow, secretario general de la cumbre, ha
destacado desde el comienzo: construir, en todo el planeta, hábitats
sostenibles para el futuro. Su sueño es un reto para los políticos,
para los planificadores, para los administradores urbanos y para los ciudadanos
de todo el mundo.
Nunca antes se ha enfrentado la humanidad a tantos desafíos de
supervivencia como hoy en día. Casi 1200 millones de personas en
el mundo son refugiados, personas sin hogar que viven en condiciones económicas,
sociales o medioambientales miserables, en el límite de la supervivencia.
Si el deterioro, particularmente en el Sur, de las condiciones físicas
y medioambientales continua al ritmo actual, el número ascenderá
a 1400 millones de personas en el año 2001, y las ciudades, como
sistemas humanos, se colapsarán y desintegrarán. Los ejemplos
típicos de esta patología urbana se encuentran en todas
las macrociudades del Sur: Bombay, México, Bangkok, Lagos, Sao
Paulo, etc. La congestión aplastante, la contaminación brutal,
las pesadillas de los atascos de tráfico, la proliferación
de los barrios bajos, el crecimiento de los índices de criminalidad,
la pobreza, las enfermedades, la mortalidad son todos ellos factores que
impregnan estas ciudades en la mayor parte de su extensión. Esta
desagradable realidad no es sólo estadística o irreal, es
la experiencia cotidiana de millones de personas que están encarceladas
en condiciones urbanas superdegradadas. La crisis no es sólo en
el Sur. La desintegración social y psicológica en el Norte
es igualmente un síntoma del colapso de la civilización
urbana. El crecimiento de las tasas de criminalidad, la alienación,
el aumento de la drogadicción, el alcoholismo, las familias destrozadas
o los suicidios son indicadores reales de una sociedad que se desmorona.
La situación en la India
Con aproximadamente 945 millones de personas, la India continua siendo
todavía un país agrícola, con un 70% de la población
viviendo en el campo. Sin embargo, en la India vive más gente en
las ciudades que en cualquier otro país: 280 millones. Se calcula
que vivirán 335 millones en zonas urbanas hacia el final de siglo.
Casi el 50% del producto interior bruto del país se produce en
las áreas urbanas. La población urbana se ha más
que duplicado en los últimos 25 años. Uno de cada 3 hindúes
vive en una de las 27 ciudades por encima del millón de habitantes.
La presión del crecimiento natural en las ciudades, menor no obstante
que la media nacional, al que se une la inmigración desde las zonas
rurales, continua en alza. Las ciudades continuarán su explosión
más allá del año 2010. Así, mientras que las
grandes ciudades occidentales se han estabilizado, en la India, al igual
que en otros países del Sur, las megaciudades y grandes metrópolis
están en proceso de constante crecimiento. Bombay, Delhi y Calcuta
han duplicado su población en los últimos 25 años.
Esta espiral no parará mientras continúe el actual ritmo
de crecimiento del 2% anual.
Ninguna ciudad del mundo puede satisfacer las demandas de un cada vez
mayor y desproporcionado número de personas. Las consecuencias
de todo ello se dejan ver en toda su crudeza en los degradados y proliferantes
asentamientos suburbanos.
Bombay: un desastre
urbano
Actualmente, Bombay, con 15 millones de habitantes, continua siendo la
mayor macrociudad de la India, y una de las 15 megaciudades del mundo.
Es un ejemplo palpable del mayor desastre urbano de todo el país.
La ingente presión en infraestructuras y administración
prácticamente han colapsado la ciudad, en la que dos de cada tres
personas vive en suburbios: en las horas punta, las calles llevan tres
veces más de tráfico que lo que pueden soportar, la contaminación
atmosférica axfisia a la población durante los meses de
invierno, el 80% de las aguas residuales se vierte al mar sin depurar...
La situación empeora sin remedio, como ocurre por otra parte en
otras ciudades como Dacca, Karachi, Manila y Lagos.
Este cuadro, en diferentes grados, es prácticamente el mismo en
cada gran ciudad de la India. Suciedad, enfermedades, desintegración
social, crímenes y muertes invaden la mayoría de las ciudades.
La gente es más pobre en las ciudades de la India que en los pueblos.
Uno de cada cinco pobres del mundo vive en la India, y el 60% de ellos
vive en las ciudades. Resulta por tanto evidente que la civilización
urbana, que había de satisfacer los sueños de millones de
personas proporcionándoles una forma de vida acomodada, les ha
traído en su lugar una amarga pesadilla.
En general, las condiciones urbanas de la mayoría de la población
de las ciudades de Africa y América Latina son tan despiadadas
y crueles como la de la India. La única diferencia es la magnitud
y el nivel de pobreza. En Asia, el escenario urbano en países como
Pakistán, Bangladesh, Filipinas, Sri Lanka, Tailandia y Camboya
no puede ser peor: uno de cada tres habitantes urbanos viven en una situación
horrorosa.
Un nuevo orden urbano
Para todos estos países, la cumbre Hábitat II es un reto
especial y un forum para planificar un nuevo orden urbano en el contexto
global de un mundo desigual. Al margen de cualquier otra medida que puedan
tomar, no hay otra manera de salir de este atolladero que no sea la de
incluir, en sus planes de salvamento, un estricto control del irresistible
crecimiento de población como primera prioridad, un plan de desarrollo
tecnológico, local y de bajo coste, un estrechamiento de la cooperación
Sur-Sur y serias medidas para impulsar la alfabetización total.
Pero lo más importante es sin duda llevar a cabo todos los esfuerzos
necesarios para liberar estas ciudades de las garras de los países
explotadores del Norte y de las élites minoritarias de sus propios
países, ávidos consumidores de recursos humanos escasos.
En este contexto, las cuestiones fundamentales y universales son: ¿qué
porvenir tiene la civilización urbana? ¿a dónde se
dirigen nuestras ciudades? ¿qué está ocurriendo a
nuestros pueblos, en los que todavía viven millones de personas
en el Sur? ¿qué clase de ciudades queremos y cómo
construir ciudades y pueblos que sean habitables? ¿cómo
construir ecohábitats?
Aldeas ecológicas
La cumbre es una oportunidad para crear, con vistas al siglo XXI, pueblos
ecológicos en todo el mundo. Una ecoaldea es una condición
socioecológica total para vivir sostenible y felizmente. Durante
muchos milenios, los seres humanos han vivido en armonía con la
naturaleza, en culturas bien integradas. Todavía hoy, millones
de personas que habitan en los 600.000 pueblos de la India, en los varios
cientos de miles de pueblos de China, y en comunidades tribales de Africa
y de Sudamérica viven sosteniblemente. Pero la presión de
la modernización conduce a millones de personas a ciudades y megaciudades
miserables, en las que no encuentran más que miseria y sufrimiento.
La sociedad humana está evolucionando rápidamente y gran
parte de este proceso se está produciendo a un precio que ni los
seres humanos ni la Tierra pueden soportar. En este contexto, nos dirigimos
a la cumbre con gran preocupación, pero con un profundo compromiso
en pos de la implantación de formas de vida sostenibles de cara
al futuro. Nuestra tarea es construir una eco-Tierra y para ello necesitamos
ecohábitats en los que desarrollar asentamientos humanos sostenibles.
En el Sur, el crecimiento de las megaciudades se puede controlar haciendo
los hábitats rurales económicamente viables. Nuestras ciudades
deben ser administradas de acuerdo con principios modernos de gestión
y su gobierno debe ser descentralizado, reorientado hacia la población.
A un nivel fundamental, todo el mundo debería poder elegir su vida.
Para ello debemos plantar cara a esta civilización basada en un
tecnologicismo e individualismo extremos.
En lo que a los aspectos ecológicos se refiere, las aguas residuales
de nuestras ciudades deberían ser tratadas y usadas en agricultura
urbana y los excrementos hechos compost y usados como fertilizantes. Debemos
concentrarnos en recursos energéticos renovables, tales como biomasa,
sol, viento, etc. Debemos poner en marcha programas de viviendas ecológicas
y de bajo coste deben ser puestos en marcha por nosotros mismos. Siempre
que sea posible se deberían utilizar tecnologías informáticas
para reducir desplazamientos y para promover la educación y el
desarrollo de lazos globales entre diferentes sociedades y culturas. Esta
idea la desarrollamos en la ciudad de Kawavaki, Japón. La Tierra
entera ha de ser nuestro hogar y la sociedad humana, nuestra familia.
Por último, debemos hacer de nuestros hábitats algo más
humano y ecológico. Deberíamos construir mercados para la
gente, y no los deshumanizados centros comerciales. Deberíamos
producir y consumir productos ecológicos que puedan ser reciclados.
Nuestra manera de vivir y nuestro estilo de vida debería basarse
en el principio fundamental de conservación y de no consumismo.
En cuanto a los aspectos humanos, debemos preservar nuestra humanidad,
así como la integridad de la sociedad humana basada en una rica
diversidad de culturas. Para ello, debemos hacer frente a la obscena homogeneización
del mundo, en la forma de una occidentalización justificada en
nombre del desarrollo.
El ecohábitat debería llegar a ser un centro para el arte
y la cultura, para la música y la danza, para el conocimiento y
la creatividad, para el amor y la dicha, una residencia, un refugio, una
cabaña en la que la gente puede realizar sus sueños. No
estamos aquí para construir una utopía o un Shangri-La.
Para muchas personas en el Sur, un lugar simple y decente, en el que puedan
vivir con sus familias en una comunidad, es todo lo que quieren. Todavía
es posible proporcionar una buena vida a los 5.7 billones de personas
en el mundo y proteger nuestra ecología, a través de la
planificación ecológica y del desarrollo de formas de vida
sostenible.
Este es el desafío de la cumbre Hábitat II. Debemos construir
nuestro futuro, sobre los valores de integridad social, de sostenibilidad
ecológica, de autosuficiencia económica, de simplicidad
y visión de futuro. Una ecoaldea proporciona un modelo único
para la realización del sueño de todo niño, de cualquier
lugar del mundo, de tener un futuro feliz. Se trata de un lugar en el
que la tierra y el cielo danzan en sinfonía con la sonrisa de todos
los niños.
Modelos para el Nuevo Milenio
por Helena Norberg-Hodge.
Helena Norberg-Hodge es directora de la Sociedad Internacional de
Ecología y Cultura y codirectora del Foro Internacional sobre Globalización.
Los estilos de vida sostenibles en el Norte proporcionan ejemplos
convincentes para el Sur
Está ampliamente aceptado que para el año 2015, el 90% de
la población mundial vivirá en ciudades. Si esta tendencia
se mantiene inamovible, el proceso de urbanización en el que está
inmerso el Sur se convertirá en el mayor desastre medioambiental
y social de este siglo. A pesar de este hecho, el desplazamiento de la
población mundial hacia las ciudades no sólo se asume como
inevitable, incluso evolutivo para algunos, sino que es promovido activamente,
y en ocasiones subvencionado, por tratados impulsados por la globalización
económica, como el GATT, NAFTA y Maastricht. Basada en un estrecho
y anticuado paradigma económico, que asume el libre comercio como
universalmente beneficioso, la economía global ejerce una presión
estructural y psicológica sobre el Sur, que promueve el desplazamiento
desde el campo hasta macrociudades altamente centralizadas y con un uso
intensivo de recursos.
Se ha llegado a decir que el vivir en ciudades suponer utilizar menos
recursos, la posibilidad de ganar más dinero y de alcanzar una
mejor calidad de vida. Esto es sencillamente falso. Actualmente, la mayoría
de la población mundial, principalmente en el Sur, permanece todavía
en el campo, pero con gran rapidez está siendo expulsada desde
las economías en las cuales todavía tienen acceso a recursos
locales, hacia zonas urbanas sin apenas conexión con el entorno
natural, en las que aumenta la dependencia de las importaciones y en las
que el tejido social se resquebraja.
El movimiento de ecoaldeas proporciona soluciones prácticas y realistas
a estos problemas. Creando estilos de vida realmente sostenibles en el
Norte, se dan ejemplos convincentes para el Sur. Los modelos que proporciona
este movimiento son diversos, y van más allá de una simple
reducción en el uso de recursos naturales: presenta una visión
de desarrollo totalmente novedosa, con un planteamiento diferente de la
actividad económica, del uso de la energía, de las estructuras
y de los valores sociales. Plantea, de hecho, un modo de vida completamente
distinto. El movimiento está extendido por todo el planeta y necesita
tan sólo de una ayuda financiera relativamente modesta para convertirse
en un instrumento efectivo para invertir la crisis causada por los miles
de millones de personas que, en el Sur, están siendo forzadas a
imitar una cultura consumista no sostenible. Para comprender mejor el
significado de las ecoaldeas, las posibilidades que ofrecen, es preciso
examinar primero cuáles son las actuales tendencias económicas
y el decidido impulso, que ha tomado en relación con dichas tendencias,
el proceso de urbanización.
Degradación del entorno en el Sur
Las macrociudades, que florecen actualmente en todas partes, son cualitativamente
distintas de lo que conocemos del pasado como ciudades. Están siendo
creadas a un ritmo vertiginoso, y con un uso muy intensivo de los recursos.
Requieren de vastos sistemas centralizados que son, sin excepción,
mucho más dañinos para el medioambiente que las antiguas
ciudades o comunidades rurales. Alimentos y agua, materiales de construcción
y energía han de ser transportados a grandes distancias, haciendo
uso de infraestructuras de gran consumo energético; sus residuos
han de ser de nuevo desplazados lejos, en camiones y en grandes barcos,
o incinerados, con gran coste para el medioambiente. En sus idénticas
torres de cristal y acero, con ventanas que nunca se abren, incluso el
aire que respiran ha de ser suministrado por medio de ventiladores, tuberías
y energías no renovables. Desde las zonas más acaudaladas
de París hasta los suburbios de Calcuta, la población urbana
depende del transporte, de la refrigeración y del empaquetado de
los alimentos que consumen. Cada libra de alimento consumido es inseparable
de un alto consumo de petróleo. En la actualidad, el 50% de todas
las emisiones de CO2 proceden del transporte. Si no se tiene en cuenta
este hecho, cualquier tentativa encaminada a evitar el cambio climático
carece de sentido.
Se piensa a menudo que el proceso de urbanización es necesario
debido al gran número de personas que pueblan la Tierra actualmente.
Se asume implícitamente que la centralización es, de algún
modo, más eficiente, que la población urbana usa menos recursos.
Cuando profundizamos en los costes reales de la urbanización en
la economía rural, podemos observar cuán lejos de la verdad
nos hallamos. Precisamente porque hay demasiadas personas, un modelo económico
como el actual, globalizado, pero que sólo puede alimentar, dar
vivienda y ropa a una pequeña minoría de personas, debe
ser abandonado. Se hace cada vez más necesario apoyar sistemas
de conocimiento y modelos económicos que estén basados en
una comprensión íntima de cada región particular,
de su clima y de sus tierras, de su suelo y de sus recursos propios.
La idea de que es posible para el Sur imitar el modelo occidental de urbanización
no es en ningún modo realista. La industrialización del
Norte fue lograda abusando, no sólo de sus propios recursos, sino
también de muchos de los del Sur. Todavía hoy, una gran
parte de los recursos del "tercer mundo" están destinados
a mantener la maquinaria de crecimiento del Norte. El Sur no tiene colonias,
ni explotación laboral, ni fuentes de materias primas baratas que
permitan acceder al nivel de super consumo que el Norte ha establecido
como normal para las naciones desarrolladas. Al perseguir una meta inalcanzable,
los países del Sur están dirigiendo sus economías
hacia un mayor endeudamiento, explotando los recursos a un nivel insostenible,
empobreciendo a sus ciudadanos y abandonando su herencia cultural.
A pesar de la absoluta imposibilidad de que el Sur pueda alcanzar un estilo
de vida de alto consumo, se piensa a menudo que dejar al Sur fuera del
proceso de urbanización es como si se le dejara en una situación
de atraso. Cuando, en realidad, es el estilo de vida del Norte el que
es insostenible, el que roba al Sur y por tanto el que "mantiene
a la gente atrasada". En lugar de que el Sur imite nuestras prácticas,
hemos de ser nosotros los que hemos de aprender del Sur.
Desastre social
Las devastadoras consecuencias del proceso de urbanización no son
sólo medioambientales, sino también sociales. La urbanización
crea una escasez artificial de puestos de trabajo: de cada 1000 personas
que se trasladan a la ciudad en busca de trabajo, normalmente sólo
100 tienen éxito. La competencia cada vez mayor tensa las relaciones
sociales, al aumentar la distancia entre los pobres y los ricos. Los suburbios
y barrios de chabolas proliferan y la autoestima de la gente cae en picado.
En lugar de dirigir sus quejas contra la perversión del sistema
económico, se echan la culpa unos a otros. El fundamentalismo,
la xenofobia y el racismo aumentan en todo el mundo como consecuencia
directa de estas políticas económicas urbanicistas.
La economía global mina las relaciones y las comunidades también
de otras maneras. La economía competitiva obliga a la gente que
tiene trabajo a trabajar más horas, reduciendo así el tiempo
normalmente dedicado a las relaciones sociales. Además, instituciones
y estructuras centralizadas, organizadas a gran escala, reemplazan las
formas naturales de relación humana, acabando completamente con
ellas. Ya no puede la gente contar de manera espontánea con los
demás para apoyarse mutuamente en lo cotidiano. La falta de relación
conduce a un menor entendimiento social, con el consiguiente aumento de
las tensiones y de una mayor corrupción.
Modelos para el nuevo milenio
A la vista de estas consideraciones, parece claro que el movimiento de
ecoaldeas podría jugar un papel esencial para prevenir el desastre
ecológico y social. Como alternativa al proceso de urbanización
y a la economía globalizada, presenta modelos que permiten llevar
una vida más próxima a la tierra y en una comunidad abierta.
En realidad, es el deseo de un creciente número de personas de
vivir de una manera social y espiritualmente reconfortante, al mismo tiempo
que económicamente sostenible, lo que nos ha de proporcionar los
modelos que necesitamos para el próximo milenio.
No carece de importancia que el movimiento de ecoaldeas haya Surgido en
el Norte. Primero, porque es en el Norte donde el consumo es 10 veces
mayor que en el Sur. Es el estilo de vida del Norte el que es insostenible,
no el del Sur. Y en segundo lugar, porque el hecho de que una forma de
vida comunitaria, rural y sostenible represente lo más progresista
y avanzado del conjunto de ideas que se dan en el Norte, revela también
nuestro deseo de elegir una forma de vida diferente. Sin una acción
de este tipo por nuestra parte, nosotros no estaríamos capacitados
para dar consejos al Sur. No podemos decir al Sur que no se mueva hacia
las ciudades, si nosotros no estamos dispuestos a volver al campo y reestructurar
significativamente las ciudades existentes.
Además, en este momento los mensajes y las imágenes más
poderosas que se reciben en el Sur, son las de los medios de comunicación
y de la publicidad. Todos ellos muestran un medio de vida urbano como
único modelo moderno de civilización y progreso. Esta presión
psicológica, que hace que la gente se siente atrasada, casi como
reliquias prehistóricas, juega un papel muy importante en la promoción
de una cultura urbana y consumista. En una continua lucha contra la severidad
económica y contra otros muchos factores, la gente se esfuerza
en ser más urbana, en vestir ropas occidentales y conducir coches
rápidos. Todos los jóvenes del mundo quieren comprar mercancías
importadas, con modelos estereotipados, representando a menudo tipos rubios
y con ojos azules, como los que se promocionan en los medios de comunicación
y publicitarios. En todas partes aumentan los signos de rechazo de la
identidad propia, que se manifiesta en cosas como querer cambiar el color
del pelo o de la piel. En China, las mujeres se operan incluso los ojos
para parecer más occidentales.
El movimiento de ecoaldeas puede ayudar a la gente a mantener su autoestima
sin abandonar sus formas de vida comunitaria y local, ni sus patrones
económicos. De hecho, cuando conocen los aspectos positivos de
sus propios modelos, y no sólo las imágenes distorsionadas
que muestran la vida rural como un atraso y la vida urbana como lo más
atractivo, muchos habitantes del Sur prefieren mantener sus comunidades
tradicionales.
Campaña de información
Por ello, una amplia campaña publicitaria para promover las ecoaldeas
es absolutamente necesaria. Puesto que el Sur es bombardeado incesantemente
con mensajes urbanicistas, necesitamos un programa educativo para corregir
estas imágenes parciales e incorrectas. El primer objetivo en esta
línea, sería proporcionar a la gente los medios necesarios,
que les permitieran elegir informadamente sobre su futuro. Sin desdeñar
ninguna forma de comunicación, desde la televisión por satélite
hasta los cuentacuentos, hemos de hacer ver al mayor público posible
que las tendencias actuales del capital, y del uso intensivo de la energía,
son sencillamente insostenibles. Los pasos necesarios para detener la
carrera desenfrenada hacia un desarrollo insostenible están al
alcance de todo el mundo ya mismo.
Debemos sacar a la luz las subvenciones ocultas al transporte, a las comunicaciones,
a las infraestructuras energéticas propias al proceso de globalización
y de producción a gran escala. Si una pequeña parte de los
fondos que se utilizan para ampliar las infraestructuras globales necesarias
para este proceso de megalopolización, fuera usada para apoyar
las comunidades rurales existentes en el Norte y en el Sur, se podría
llevar a cabo una verdadera actividad económica apoyada en cimientos
sostenibles. Un programa que proporcione recursos energéticos renovables
y que amplíe y diversifique la producción local de alimentos
y manufacturas para necesidades básicas, costaría muchísimo
menos que los esquemas tradicionales de desarrollo.
Estrategias para las macrociudades existentes
Si bien es cierto de que el movimiento de ecoaldeas se centra sobre todo
en la vida rural, resulta obvio que no podemos ignorar las macrociudades
existentes. Llevar a cabo políticas que permitieran a la población
de las grandes ciudades tener un mayor contacto práctico con el
entorno, constituiría un paso enorme hacia la sostenibilidad. Deberían
darse incentivos para que la gente cultive sus propios alimentos, para
que compre en los mercados de los agricultores o establezca contactos
con agricultores de la zona a través de Comunidades de Apoyo a
la Agricultura, para que recicle las baSuras o para que fabrique compost.
Todo esto contribuiría a acortar la distancia que existe actualmente
entre el productor y el consumidor. La reducción en el transporte
de larga distancia favorecería los ciclos locales de producción,
consumo y reciclado, lo que ayudaría a reducir la contaminación
y el desempleo. El automóvil perdería su excesivo protagonismo
actual. Acercando las necesidades al hogar sería posible seccionar
partes enteras de las ciudades a los automóviles. En Amsterdam,
este proceso ha se ha puesto en marcha, sin dejar por ello de crear carriles
para bicicletas. Deberían apoyarse también los movimientos
para crear cinturones verdes, como por ejemplo el de la ciudad de México.
De igual importancia que estas consideraciones medioambientales, son los
factores sociales. Deberían ponerse en marcha nuevas estructuras
de vecindad, de autoorganización y de autogobierno, o rehabilitar
las existentes para favorecer en la práctica las posibilidades
de relaciones personales. El establecimiento de estructuras y de relaciones
de interdependencia, en las que los contactos entre las personas son frecuentes,
mitigaría las tensiones existentes en la gente, satisfaciendo a
la vez parte de las necesidades humanas de relación y comunidad.
Elección entre futuros
Estamos forzados a hacer una elección consciente y activa entre
dos futuros muy distintos. Por una parte, podemos continuar siendo permisivos
con el sistema económico actual, prácticamente fuera de
control, en el proceso de explosión urbanizadora, con la consiguiente
degradación ambiental y la proliferación de suburbios y
barrios de chabolas. Ahora bien, no parece que nadie prefiera estos montones
de inmundicia humana, ruidosos y apestosos, sin apenas sistemas de depuración
de aguas residuales, en los que el agua es escasa, las moscas abundan
y el aire se hace denso con el humo de los tubos de escape, antes que
una forma de vida social y económicamente sostenible. Podemos entonces,
alternativamente, apoyar masivamente el movimiento en favor de las ecoaldeas,
lo que nos permitiría reestablecer el contacto perdido con las
gentes y con nuestros lugares, reweaving ourselves as interdependent strands
of the fabric of life.
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La crisis global: la necesidad de sostenibilidad
Por el Dr. Doug Benn
Doug Benn trabaja en temas de Ciencias de la Tierra y del Medio ambiente
en el Departamento de Geografía de la Universidad de Aberdeen,
Reino Unido. Dirige las investigaciones sobre glaciares como indicadores
de cambios climáticos en el pasado y en el presente, particularmente
en regiones tropicales y subtropicales. Vivo en el límite de las
Highlands escocesas con su compañera y su hijo de siete años.
La insostenibilidad es un hecho
En su profundo y visionario libro "Más allá de los
límites", Donella Meadows, Dennis Meadows y Jürgen Randers
argumentan que el uso abusivo que el hombre hace de muchos recursos esenciales
y la producción de numerosas sustancias contaminantes han superado
los límites que la Tierra puede soportar. Apoyándose en
modelos matemáticos detallados, demuestran que si el ritmo actual
continua, tanto la población humana como el uso de los recursos
se desbordarán y colapsarán, esto es, empujarán más
allá de los límites de lo que es sostenible hasta explotar
en una catástrofe económica y medioambiental global. Argumentan
también que dicho colapso no es inevitable, sino que puede ser
evitado con la transición hacia unos niveles más realistas
de consumo material, con la reducción del crecimiento de la población
y con un uso más eficiente de los recursos. Los autores señalan
que la tecnología requerida para efectuar este cambio ya existe,
que es una simple cuestión de voluntad.
Meadows y sus colegas no están solos en su diagnóstico sobre
el estado del mundo. La necesidad urgente de un cambio hacia la sostenibilidad
ha sido elocuentemente advertida por Paul Harrison en su brillante análisis
"La tercera revolución", y las tendencias actuales de
consumo han sido claramente puestas de relieve, en el contexto histórico
de la expansión económica, por Clive Pointing en "Una
historia verde del mundo". La cumbre de Río de 1992 puso de
manifiesto la amplia crisis global generada por los actuales modelos de
consumo, tanto en las naciones desarrolladas como en las que están
en vías de desarrollo. Las prioridades y las estrategias de acción
han quedado recogidas en la Agenda 21.
Hay un creciente consenso respecto a que la mayoría de asentamientos
humanos en todo el mundo son parte de un sistema inestable e insostenible
y que, o bien están forzando sus propios recursos, o bien están
impidiendo la viabilidad de otros asentamientos en otros lugares. Entonces,
¿por qué se da tan poca importancia al tema de la sostenibilidad
en la Agenda Hábitat II, de las Naciones Unidas, que pretende ni
más ni menos que establecer las prioridades para el buen funcionamiento
de los asentamientos humanos para el próximo siglo? ¿Por
qué reciba tan poca atención en los periódicos y
en los noticieros televisados nacionales o internacionales? ¿Por
qué todo continua igual?
La red de la enfermedad
Parte de la respuesta a estas preguntas se haya en el hecho de que continuar
como hasta ahora parece ser beneficioso y sostenible para todas aquellas
personas con poder económico y con capacidad decisoria. Mercancías
básicas y productos de lujo son accesibles en el mercado global
a todos aquellos que tienen dinero para adquirirlos. Una reducción
de suministros, temporal o permanente, puede ser muy beneficiosa, antes
que preocupante, para estas personas, pues ayuda a incrementar los precios
del mercado. Ni en los mercados ni en la Bolsa parece haber signos de
colapso inminente y, por otra parte, es fácil percibir la crisis
de recursos locales como algo distante y tolerable, y las cuestiones medioambientales,
como periféricas y alejadas de las preocupaciones cotidianas. Lo
que no se dice es lo que se oculta tras los estantes de los supermercados,
los escaparates de las tiendas de coches o detrás de la electricidad
barata: mares agotados, destrucción progresiva de los bosques,
ríos y lagos acidificados, aguas subterráneas contaminadas,
degradación de la atmósfera y un sistema social y económico
que perpetúa la pobreza, la superpoblación y los conflictos
civiles e internacionales.
Estos y otros muchos problemas no están aislados ni desconectados,
conforman un tejido enfermo conectado al corazón de la expansiva
economía global. Es una consecuencia inevitable de formas de vida
que animan al despilfarro de recursos humanos y naturales, buscando el
beneficio a corto plazo de una privilegiada minoría, mientras que
condena a una lucha diaria por la supervivencia a los pobres, a los que
carecen de derechos y a los incapacitados. Los barrios ricos no pueden
repudiar la expansión de los guetos de Delhi y de La Paz, de los
sin techo de Londres o de las fétidas aguas del delta del Niger,
y no pueden sencillamente porque son sus productos.
La crisis global está ocurriendo ahora
La crisis global no es una posibilidad teórica o lejana, está
ocurriendo ahora, en todos los países del mundo, como un progresivo
e indefinido desastre que toma muchas formas. Se manifiesta tanto en las
ciudades europeas asfixiadas por el tráfico, como en los asolados
bosques de Malasia, en las aguas con una pesca excesiva del Mar del Norte
y en las tierras echadas a perder por la contaminación en Chernobyl.
Se ve en el cubo de la baSura, en los vertederos o en el color de los
ríos. Se nota en nuestros pulmones, en los residuos de pesticidas
de los alimentos y en nuestros niveles diarios de estrés. Y a pesar
de todas estas evidencias, para muchos esta catástrofe pasa desapercibida,
haciéndose inobservable en su normalidad. Cada generación,
cada recién nacido hereda un mundo menos rico, menos diverso y
menos capaz de soportar la creciente familia humana, que el anterior.
Y acepta esto como normal. Cada año, lo que se pierde se desvanece
de nuestra escurridiza memoria, en pos de una búsqueda de nuevos
mercados, de nuevas fuentes de beneficio, de nuevas sensaciones.
Nadie duda de que muchas crisis particulares han sido identificadas y
resueltas de forma efectiva. La niebla de ácido sulfúrico
que envolvía las ciudades industriales a finales del s. XIX y principios
del XX, y que en su peor momento mató a 4000 personas en un periodo
de cinco días en Londres, se resolvió con la introducción
de un Acta sobre el Aire Limpio. A las grandes ballenas se les salvó
de la extinción, gracias a la introducción de una moratoria
en el comercio de ballenas en 1982. La evidencia abrumadora de la degradación
de la capa de ozono de la estratosfera condujo a un acuerdo internacional
para retirar los CFC. Ahora bien, esto no son más que respuestas
parciales. La introducción de altas chimeneas para dispersar las
emisiones de sulfuro de las centrales térmicas ha provocado la
acidificación de las aguas de lluvia en vastas extensiones, contaminando
lagos y aguas subterráneas. La llamada "captura científica
de las ballenas" encubre normalmente una captura comercial, con la
que se continua explotando las mermadas poblaciones. Los CFC que quedan
en el mundo continuarán destruyendo ozono hasta bien entrado el
siglo que viene. E igualmente, a pesar de los grandes esfuerzos que se
llevan a cabo para erradicar el hambre, a los que se les da una gran publicidad,
las estructuras económicas que perpetúan la malnutrición
siguen intactas.
La crisis global ha de ser reconocida como lo que es: una multiplicidad
de síntomas de un malestar general causado por formas de vida que
ponen el énfasis en la explotación más que en la
cooperación, y que sirven de señales de alerta de que una
explotación continuada irá en detrimento de todos. Reconocer
esto no ha de conducir necesariamente a la desesperación o hacia
una sensación de impotencia. Al contrario, sólo reconociendo
la magnitud del problema y la interconexión de todos sus aspectos
podemos asentar nuestra esperanza en la otra vía, la de la sostenibilidad,
la de la cooperación y la del uso equitativo y racional de los
recursos y de su distribución. Hemos de reconocer como punto de
partida la necesidad de una transformación.
La necesidad de transformación de los hábitat
En ningún lugar del mundo la necesidad de transformación
es más urgente que en nuestros asentamientos, en nuestros hábitats
próximos. En nuestras ciudades, las desigualdades sociales y la
desesperación van de la mano con la alienación, las altas
tasas de criminalidad y la adicción a las drogas y el alcohol.
Los más pobres intentan sostenerse en la periferia de las ciudades
ricas. La calidad del aire de las ciudades es pésima en casi todo
el mundo. Los gases y las partículas procedentes de los tubos de
escape de los coches y de las fábricas invaden nuestros pulmones,
oscureciendo el aire con una neblina fotoquímica. Las congestiones
de las carreteras aumentan los niveles de estrés de los trabajadores
que han de desplazarse todos los días, de por sí bastante
agobiados por duros horarios de trabajo. Los sucesivos desplazamientos
de las poblaciones han cambiado las viejas comunidades por grupos de viviendas
donde los vecinos no se conocen. Los niños no pueden jugar tranquilos
si no es bajo la mirada atenta de los padres. Y cada vez más, estos
problemas no se reducen a las ciudades, sino que se extienden a las áreas
rurales
La disfunción existente en la mayoría de las ciudades del
mundo se hace mucho más llamativa cuando uno se tropieza con algún
raro ejemplo de ciudad vibrante y con buen funcionamiento. Es el caso
de Bhaktapur en Nepal. Protegida por la posición aislacionista
de Nepal hasta 1950, permaneció intacta en el periodo colonial,
convirtiéndose en el centro de un próspero sistema económico
local. En las últimas décadas ha logrado escapar al crecimiento
desenfrenado y al exceso de tráfico, a diferencia de la vecina
Kathmandu, y se ha beneficiado en cambio de importantes proyectos de ayuda
que le han servido para mejorar el sistema de saneamiento de la ciudad
y el sistema de salud, además de contar con una sabia política
conservacionista, por la que se limita el acceso de vehículos al
centro. Como resultado, el tejido físico de Bhaktapur, su cultura
y sus estructuras sociales han quedado más o menos intactas, sin
ser tragadas por la moderna presión urbanizadora. El aire es respirable,
las mujeres y los niños pueden pasear por la noche sin miedo, y
la mayoría de la gente tiene un aspecto relajado y de bienestar.
Pasear por las calles de Bhaktapur ha de hacernos conscientes de lo que
ahí ha sobrevivido y de lo que, en otras partes, se ha perdido
para siempre. Pero también, de lo que podría recuperarse
si la comunidad fuese reconstruida y con ella los lazos que nos unen a
la tierra.
Retazos de comunidades sostenibles y más humanas los encontramos
también en otros proyectos que se están desarrollando en
todo el mundo: es el caso de las comunidades intencionales, comprometidas
en la exploración de formas de vida ecológicas y más
humanas, es el caso del movimiento de permacultura, de las granjas ecológicas,
de los proyectos de vecindad urbana o de los proyectos conservacionistas
o de reciclado. Todos estos proyectos, al igual que las comunidades tradicionales
como Bhaktapur, tienen mucho que ofrecernos, sirviéndonos de indicadores
en la búsqueda de un futuro mejor en un mundo incierto. Muestran
que la transformación hacia la sostenibilidad global no tiene por
qué significar una reducción drástica en el nivel
de vida, sino que al contrario puede suponer un incremento de la calidad
de vida para todos. Muestran que la solución a la crisis global
no es simplemente una cuestión de utilizar más tecnología,
sino de combinar lo mejor de lo viejo con lo mejor de lo nuevo, aprovechando
el saber de las sociedades tradicionales. Muestran la primordial importancia
de la comunidad, de la autonomía local y del potencial encerrado
en la afirmación de los valores humanos en un espíritu de
cooperación con los demás y con la Tierra que habitamos.
Y muestran también que la sostenibilidad es alcanzable, es simplemente
cuestión de querer y de coraje para ponerla en práctica.
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¿Qué es una ecoaldea?
por Hildur Jackson
Hildur Jackson, titulada en derecho y sociología cultural,
es una veterana y consolidada activista, impulsora del movimiento de cooperativas
de vivienda y de comunidades locales. Es también cofundadora de
Gaia Trust.
"Una ecoaldea es un asentamiento humano, concebido a escala humana,
que incluye todos los aspectos importantes para la vida integrándolos
respetuosamente en el entorno natural, que apoya formas saludables de
desarrollo y que puede persistir en un futuro indefinido".Definición
dada por Robert Gilman en su informe "Ecoaldeas y comunidades sostenibles"
(1991).
Una ecoaldea es un asentamiento sostenible en un medio urbano o rural,
que respeta y restaura el sistema circulatorio de los cuatro elementos,
tierra, agua, fuego y aire, en la naturaleza y en las gentes. Estos cuatro
elementos abarcan todos los aspectos de la vida humana: estructuras físicas
(tierra), infraestructura (agua), estructuras sociales (fuego) y cultura
(aire).
Esta fue la definición aceptada por 15 proyectos daneses cuando
se creó la organización nacional de ecoaldeas en 1991.Esta
última forma de definir una ecoaldea tiene varias ventajas:
- Se basa en un saber antiguo, válido en todo el planeta (es decir,
sin estar influenciado por occidente).
- Considera por igual todas las esferas de la vida. Los aspectos ecológicos
y los espirituales se colocan en el mismo nivel. Un pájaro tiene
dos alas para volar.
- Nos proporciona una valiosa herramienta de autoevaluación, una
medida para las ecoaldeas.
- Por último, nos da una definición de lo que es realmente
"desarrollo", devolviendo su significado a esta palabra. Ojalá,
todos nos estemos desarrollando en la dirección de hábitats
sostenibles.
No hay todavía ecoaldeas perfectas
Aunque muchas están trabajando para serlo. Y hay mucha gente en
el mundo, que comparte esta idea y el deseo de crear o de vivir en una
ecoaldea. El movimiento de ecoaldeas parte de la idea de una cultura que
permita a la gente, sea del Norte o del Sur, vivir en armonía consigo
mismo y con el entorno. Es también la idea de un mundo, en el que
las mujeres, los niños, los ancianos y los débiles tengan
la posibilidad de vivir una vida plena.
En las siguientes páginas recorreré los diferentes elementos
y mostraré lo que esto significa en relación con ellos.
Cuando los cuatro elementos se dan juntos en un asentamiento humano, conforman
una ecoaldea completamente delineada.
Tierra, el elemento que representa las estructuras físicas
El sistema circulatorio del elemento tierra es la formación de
materia por el sol en el proceso de la fotosíntesis y la descomposición
de materia en humus efectuada por hongos, bacterias y microorganismos.Respetar
el elemento tierra significa:
1. Producción de alimentos ecológica, local y biorregional.
Las plantas y los animales respetan este precioso ciclo. Coger la materia
desde las explotaciones agrícolas y transportarla hasta las grandes
ciudades para, una vez digerida, depositarla en mares y pantanos, no es
respetar el ciclo. La producción biorregional de alimentos ecológicos
podría proporcionar hasta el 80% de las necesidades locales, asegurando
así la circulación local de la materia. Cada región
del planeta debería, ante todo, producir alimentos de calidad,
sanos y frescos, y en abundancia para la propia población de la
región. Y debería dejar espacio, dentro de los límites
territoriales de cada asentamiento, para la proliferación de especies
salvajes. Las exportaciones de alimentos, fibras, etc. sólo deberían
llevarse a cabo una vez satisfecha esta condición básica.
La permacultura, desarrollada por el australiano Bill Mollison, es una
buena solución para este problema. Basada en el conocimiento de
los aborígenes australianos, se ha desarrollado poco a poco completándose
con experiencias realizadas en todo el planeta. La permacultura apoya
la diversidad y el respeto por un saber local, y utiliza el mínimo
de energía para producir alimentos. La agricultura ecológica
es un sistema diferente pero ampliamente aceptado.
2. Construcción ecológica
Cuando construimos nuestros asentamientos, usamos en lo posible materiales
de construcción locales, naturales y no tóxicos: arcilla,
madera, hierbas, grava, paja... La pregunta que hemos de hacernos es la
siguiente: ¿pueden reciclarse los materiales que utilizamos? La
construcción ecológica es más necesaria en el Norte.
En el Sur, la construcción nunca ha dejado completamente de ser
ecológica. El problema es que la construcción ecológica
no se considera "moderna" y, además, siempre hay espacio
para mejoras.
Parte importante del proceso de construcción es la integración
de sistemas de energía renovable, de tratamiento de aguas residuales
y de suministro de alimentos. Todos los diseñadores deberían
aprender a pensar holísticamente.
3. Análisis de los ciclos vitales
Los líderes industriales, cuando utilizan recursos naturales para
la fabricación de bienes de consumo, deberían preguntarse
si esos bienes son necesarios y útiles, si se pueden utilizar materiales
locales, naturales y no tóxicos, si se pueden fabricar de tal modo
que permita su reciclado. El análisis de los ciclos vitales es
ya una norma en las compañías punteras. ¿Es el proceso
inofensivo para la gente y para la naturaleza? E idealmente, ¿puede
ser producido en una ecoaldea? (es decir, descentralizado). Todo lo anterior
significa añadir aspectos ecológicos, regionales y sociales
a la hora de evaluar la tecnología. La Red de Empresas Sociales
(The social venture network), una organización de "negocios
verdes" en EE.UU. y en Europa, preguntó recientemente a todos
sus miembros hasta qué punto tomaban criterios sociales y ecológicos
en la toma de decisiones. Publican un boletín de noticias llamado
"Noticias de la aldea global" (Global village news).
4. Restauración de la naturaleza
La restauración de la naturaleza es un componente esencial de la
mayoría de ecoaldeas. La capa de humus se ha reducido drásticamente
en la mayoría de lugares. Debemos restaurarla, cuidando de la calidad
de la tierra y compostando. La repoblación forestal es una necesidad
en casi todo el planeta. Contribuiría además a crear un
buen número de empleos para jóvenes en áreas rurales
desfavorecidas.
Agua, el elemento que representa la infraestructura
El agua es la substancia vital para la vida. Todos nosotros procedemos
del océano. El 90% del cuerpo humano está hecho de agua
salina. El sol guía el ciclo del agua. Provoca la evaporación
a partir de la gente, de las hojas, de los suelos, de los ríos,
de los lagos y de los océanos. El agua cae en forma de lluvia creando
las aguas de superficie: lagos, torrentes, ríos, y se introduce
bajo tierra dando lugar a las aguas subterráneas. Los árboles
provocan hasta el 75% de la lluvia en una zona determinada.
1. El cuidado del agua
El cuidado del agua y la reparación de los daños del pasado
es un asunto importante. El tratamiento biológico de las aguas
residuales, el cuidado de las cuencas, de las aguas de superficie y la
protección de la calidad del agua y del nivel de las aguas subterráneas
son elementos intrínsecos a las ecoaldeas. Existe todo un saber
a nuestra disposición para hacer un uso respetuoso de este precioso
regalo que es el agua para todos nosotros.
2. Sistemas integrados de energías renovables
De acuerdo con la Comisión Brundtland, deberíamos reducir
el consumo de energía en el Norte en un 90%, mientras que en el
Sur, se necesita un incremento del 50%. Esto sólo puede conseguirse
en parte ahorrando energía. Una reestructuración de nuestros
hábitats se hace necesaria. Hemos de cambiar nuestro estilo de
vida. La energía creada por el sol, el viento, el agua y la biomasa
está a nuestra disposición en cantidades suficientes, siempre
y cuando hagamos un uso responsable de ella. Los sistemas integrados de
energía renovable están siendo desarrollados por muchas
iniciativas bien afianzadas. Las ciudades del Sur todavía podrían
evitar los excesos del Norte.
3. Reducción del transporte
La ecoaldea es una forma de vida que limita el transporte de alimentos
y bienes, los desplazamientos por trabajo, el transporte ocasionado por
las "escapadas al campo", por el turismo, etc. Llevará
cierto tiempo transformar nuestra necesidad de transporte y disminuir
con ello los nocivos efectos que tiene sobre la naturaleza, efectos que
pueden ser medidos en emisiones de dióxido de carbono. El transporte
en coche, en camiones o por aire es un problema grave en la mayor parte
del mundo. Debería reducirse considerablemente, retirando para
ello las subvenciones directas e indirectas al sistema de transporte.
Y desarrollando en su lugar, modos alternativos de transporte, con especial
énfasis en el transporte colectivo.4. Acceso a la comunicación
La comunicación puede, en ciertos casos, ser una alternativa al
transporte físico, por ejemplo a través del intercambio
electrónico de información: teléfono, telefax, correo
electrónico e internet. Conectar el Sur es una tarea prioritaria.
Cada aldea necesitará inicialmente un único centro de información,
y esto puede hacerse con tecnología conocida. La Red Global de
Ecoaldeas (GEN) ha creado una estructura que permitirá a las ecoaldeas
intercambiar información, haciendo realmente de la Red, una red
de trabajo.
Fuego, el elemento que representa la estructura social
El fuego es el elemento de la purificación, de la luz y de la transformación.
La luz es información que nos llega en forma de imágenes,
de sueños, de símbolos y de palabras. El flujo de información
determina cómo organizamos, cómo estructuramos las cosas,
cómo creamos una comunidad. Este flujo libre, de información
se encuentra en círculos. Las culturas tribales siempre usan círculos.
En las culturas nórdicas siempre había un círculo
de piedras alrededor del cual el pueblo se reunía para resolver
los conflictos, al que se dio el nombre de "ting".
1. Toma de decisiones a nivel comunitario
Los asentamientos no deberían ser demasiado grandes para permitir
a todo el mundo poder ser oído directamente, formar parte del círculo.
En el encuentro de ecoaldeas, celebrado en Findhorn en octubre de 1995,
el sentimiento general era que el tamaño óptimo de una comunidad
era de 500 personas. Todos los participantes, venidos de diferentes lugares
del planeta, estuvieron de acuerdo en esa cantidad. Algunos sugirieron
hasta 2000 o 3000 personas, pero nadie pensaba que entidades mayores fueran
convenientes. Necesitamos estructuras de decisión que sean realmente
democráticas.
Los hábitats se definen por estar sobre un trozo de terreno, rural,
suburbano o urbano, con límites claramente definidos, preferentemente
con acceso a campo abierto. La gente quiere volver a la comunidad. Reclaman
el derecho a resolver sus propios conflictos, a darse sus propias reglas,
a cuidar de sus hijos, de los viejos y de los necesitados, a ocuparse
de su propia salud y a disfrutar de una vida plena. Muchas de estas cosas
deben ser reaprendidas. La resolución de los conflictos que Surjan
en el seno de la comunidad será un asunto importante que ha de
ser tratado en profundidad. Y es todo el pueblo el que ha de educar a
un niño.
2. Economías sostenibles
El sistema económico actual tendrá que ser modificado a
largo plazo para adaptarse y apoyar las comunidades locales. Esto incluye
"ayuda externa" y programas del Banco Mundial para el Sur. La
economía no deja de ser un invento humano, debe ser reinventada
para servirnos en lugar de imponernos reglas. Es vital que la comunidad
de negocios, actualmente el poder fáctico más importante
del planeta, forme parte de este proceso. Las economías locales
han de ser estimuladas para que el dinero pueda circular localmente, sin
que acabe por alimentar las grandes ciudades. Estructuras nuevas como
los LETS (local exchange trade systems, sistemas locales de intercambio
y comercio) se están poniendo en marcha en muchos lugares.
3. Cuidado de la salud
El tema de la prevención y del cuidado general de la salud es un
área que debe ser transformada. En el Norte, podríamos ahorrar
hasta el 80% de los costes de salud, si creáramos estilos de vida
saludables y asumiéramos la responsabilidad de nuestra salud. Esto
sería especialmente beneficioso para los ancianos, los niños,
las mujeres y los marginados (drogadictos, alcohólicos y parados).
Lo que no implica que hayamos de renunciar a los beneficios de la medicina
occidental.
4. Enseñanza y Formación
La enseñanza será una herramienta necesaria para que ocurran
estas transformaciones. Todas las primeras ecoaldeas han puesto en marcha
centros de enseñanza de desarrollo personal y de cómo crear
una ecoaldea.
Aire, el elemento que representa la cultura
Aire es el cuarto elemento. Respiramos para que el corazón pueda
bombear sangre limpia a cada célula del cuerpo. La calidad de la
respiración es importante. La respiración libre y profunda
sólo es posible cuando el cuerpo está libre y en forma.
La respiración libre está ligada a un corazón abierto,
al sentimiento de amor y alegría, a un sentimiento de conexión
con todo lo viviente.
1. Creatividad, arte y desarrollo personal
La creatividad y la expresión de la singularidad de todo ser humano
a través del desarrollo personal es parte esencial del individualismo
comunitario, que se opone claramente al conformismo que se da en la sociedad
de masas.
2. Rituales, celebraciones y diversidad cultural
La gente crea festivales, rituales y celebraciones como formas de manifestar
su conexión con los demás y con la naturaleza. El sentimiento
de interrelación nos aproxima unos a otros, sumiéndonos
en un estado de dicha y de pertenencia. Transciende el modo dualista de
nuestra comunicación. Cuando este tipo de experiencias se ofertan
en el sector servicios se convierten en pobres substitutos. A través
de dicho sentimiento, la tolerancia y la comprensión de la riqueza
de la diversidad se nos hace palpable.
3. Una nueva visión del mundo, circulatoria y holográfica
La transformación ha de ir acompañada de un cambio de conciencia.
Conciencia global podría ser el nombre para este nuevo paradigma.
Una nueva visión del mundo, circulatoria y holográfica esta
emergiendo. Los cuatro elementos se reflejan también en nuestros
cuerpos. Lo que sucede a la naturaleza sucede a nuestros cuerpos. Este
es el principio holográfico. Conocido por las culturas más
avanzadas de la Antigüedad, ha sido redescubierto por la moderna
ciencia occidental. Aprendamos a apreciar las antiguas culturas y a los
líderes espirituales del mundo, y tratemos también de comprender
las enseñanzas de la ciencia moderna.
4. Un proceso hacia la paz, el amor y la conciencia global
Hay muchos caminos para integrar esta conciencia global en nuestro pensamiento
y en nuestro comportamiento. Lleva tiempo y esfuerzo erradicar los errores
de la cultura industrial occidental en nuestros cuerpos y en nuestros
pensamientos. Lo importante es emprender el camino y aceptar su necesidad.
Las ecoaldeas son lugares perfectos para empezar a andar.¿Cómo
crear una ecoaldea?
En la sede de Gaia Villages se reciben muchas preguntas de cómo
crear una ecoaldea. La Red Global de Ecoaldeas (GEN) sacará pronto
algunas guías y las pondrá en Internet.
El proceso será diferente dependiendo de dónde comiences,
pero la idea central parece no diferir mucho de un lugar a otro del planeta,
en el Norte o en el Sur, en el campo o en la ciudad, en un asentamiento
existente o en uno de nuevo cuño, sean tus motivaciones esencialmente
ecológicas, sociales o espirituales. ¿Por qué es
en cualquier caso tan difícil? ¿Por qué hay tan pocas
ecoaldeas? Crear una ecoaldea entraña una forma de pensar completamente
nueva. Se necesita un trozo de terreno para empezar, reunir un grupo de
gente motivada, plasmar la idea en un proyecto concreto. Y entonces hay
que diseñar casas, un sistema integrado de energía, un sistema
de producción de alimentos y de almacenamiento, un sistema económico.
Todo ello es necesario. Todas las facetas de la vida han de ser redefinidas.
Por último hay que superar uno de los mayores problemas: cómo
resolver los conflictos que se producen en la ejecución del proyecto.
Y probablemente, al mismo tiempo que haces todo esto, tengas que ganar
dinero y sacar adelante una familia. Y tengas que luchar con las autoridades
y la administración para conseguir permisos. Es una tarea casi
imposible. Y sin embargo, hay gente que está en ello, y sin apoyos
de ningún tipo. Se necesita este apoyo.
Algunas ecoaldeas ya han desarrollado programas para enseñar el
diseño de ecoaldeas: Crystal Waters en Australia, The Farm en Estados
Unidos y Steyerberg en Alemania.
El test de evaluación de una ecoaldeaLa Red global de ecoaldeas
(GEN) está en proceso de definición y de refinamiento de
esta herramienta como parte de su trabajo. Lo que viene más abajo
es mi interpretación de las discusiones que en este punto tuvieron
lugar en el encuentro de ecoaldeas que se celebró en Findhorn en
octubre de 1995. Todavía puede cambiar en algunos detalles, pero
el asentimiento a esta forma de definir nuestra común visión
fue mayoritario. Es precisamente esto lo que nosotros comprendemos como
"desarrollo". Cada uno de los cuatro elementos se divide en
otras cuatro áreas, con lo que hacen un total de 16. Para evaluar
tu proyecto, has de dar una puntuación entre 1 y 4 a cada una de
estas áreas, dependiendo del grado en el que éste satisface
los requisitos de dicha área. La ecoaldea ideal sería entonces
la que contara con 64 puntos. Sólo la experiencia nos dirá
si esta es una herramienta útil y cómo puede ser modificada.
TIERRA
1) Producción biorregional y biológica de alimentos en un
80%
2) Construcción ecológica
3) Análisis de los ciclos vitales de los productos
4) Restauración de la naturalezaAGUA
1) Cuidado del agua en la aldea y en la región
2) Sistemas integrados de energías renovables. Reducción
del 90% en el Norte, aumento del 50% en el Sur.
3) Reducción del transporte
4) Acceso a la comunicación: teléfono, fax, correo electrónicoFUEGO
1) Toma de decisiones limitada a 50-500 personas
2) Economía sostenible
3) Cuidado de la salud preventivo y general
4) Enseñanza y formaciónAIRE
1) Creatividad, arte, desarrollo personal
2) Rituales, celebraciones y diversidad cultural
3) Una nueva visión del mundo circulatoria y holográfica
4) Un proceso hacia la paz, el amor y la conciencia global
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El
movimiento global de ecoaldeas
por el Dr. J.T. Ross Jackson
Respuesta a la crisis global
Los asentamientos humanos están en crisis, tanto en el Norte como
en el Sur, pero las razones son diferentes en ambos casos. En una perspectiva
más amplia, la crisis de asentamientos humanos es parte de un proceso
en el que el planeta está llegando a sus límites de crecimiento.
Existe un consenso generalizado, reflejado por ejemplo en el Informe Brundtland
y en Río, de que debemos aprender a vivir sosteníblemente
si queremos sobrevivir como especie. Como respuesta a esta crisis un creciente
número de ciudadanos de todo el mundo han comenzado a plantearse
cómo quieren vivir en esta futura sociedad sostenible.
Su respuesta pasa por el deseo de construir una pequeña comunidad,
una ecoaldea, que satisfaga los requisitos de sostenibilidad de la sociedad
futura. Ha de ser una sociedad que proporcione una calidad de vida alta
sin tomar de la Tierra más de lo que se le devuelve, una sociedad
que no niega la existencia de la tecnología existente, pero que
la utiliza a su servicio y no al revés; una sociedad que satisfaga
la necesidad humana de desarrollar una vida con contenido social, ecológico
y espiritual, ingredientes estos que normalmente faltan en las sociedades
modernas. Este deseo se está haciendo real en muchos países,
en versiones, culturas y climas diferentes, en casi todos los casos sin
ningún apoyo público. Y en casi todos los casos, por personas
con pocos recursos personales, pero con un alto grado de idealismo y de
dedicación.Merecido apoyo
Los habitantes de las ecoaldeas merecen todo el apoyo de la comunidad
internacional porque están creando modelos que, en un momento dado,
pueden convertirse en la corriente principal de la sociedad, mejorando
así la calidad de vida para todos nosotros. Más que ninguna
otra cosa, el mundo necesita buenos ejemplos de lo que significa vivir
en armonía con la naturaleza en una forma sostenible y espiritualmente
satisfactoria, dentro de una sociedad tecnológicamente avanzada.
La mejor forma de aprender, quizás la única, es por medio
de ejemplos. La característica esencial de los habitantes de ecoaldeas
es que ellos están ahí, en primera línea, poniendo
en práctica con sus vidas las ideas que les mueven.
Son ellos los pioneros de nuestro tiempo, los que abren nuevos territorios,
aprendiendo sobre la marcha y luchando contra la resistencia cerrada de
la sociedad establecida. Y sin ayuda. Aún peor, nuestras leyes
–leyes de ordenación del territorio, leyes sobre impuestos,
normativas de construcción, regulaciones hipotecarias, etc.–
son a menudo un gran obstáculo para intentar vivir de una forma
que se sale del modelo de sociedad moderna industrial. Modelo que es insostenible,
pero extremadamente resistente al cambio. De hecho, es probable que sea
imposible cambiar este modelo de arriba abajo. Precisamente por ello,
el movimiento de ecoaldeas pueda jugar un destacado papel en nuestro futuro
común.
En el Norte
En el Norte, los motivos que impulsan a la gente a crear o a vivir en
una ecoaldea son principalmente de tres tipos: ecológicos, espirituales
y sociales. Cada uno de estos tres grupos trabaja en una línea
alternativa positiva, que de alguna manera es también una reacción
contra lo que cada uno de ellos percibe como la mayor deficiencia de la
sociedad actual.
Aquellos que esgrimen motivos ecológicos reaccionan contra políticas
medioambientales insostenibles. Tienden a enfatizar su deseo de vivir
en armonía con la naturaleza, la permacultura y la autosuficiencia
en la producción de alimentos y en energía.
Los que arguyen motivos espirituales reaccionan contra la filosofía
materialista occidental, espiritualmente vacía, y contra lo que
ellos perciben como los falsos dogmas de muchas religiones tradicionales.
Su énfasis se centra en asumir la responsabilidad de sus propias
vidas y en el desarrollo personal.
Por último, los motivados socialmente reaccionan contra la alienación
del individuo, manifiesta en la institucionalización de las funciones
tradicionales de apoyo, en la crisis de la familia y en la marginación
de los miembros más débiles de la sociedad. Enfatizan el
reestablecimiento de la "comunidad".
Este último grupo es el más próximo a la corriente
mayoritaria de la sociedad, por ello, para muchos, supone la forma más
fácil de dar el salto. Los tres grupos incluyen frecuentemente
personas que trabajan activamente en la difusión de los contenidos
de la Agenda 21, del Plan de Acción Global (Global Action Plan),
de Natural Step y de otras iniciativas similares. Estas categorías
no son por tanto excluyentes. Muchas ecoaldeas incluyen los tres aspectos
mencionados. A medida que unos van aprendiendo de otros, parece haber
una tendencia a ampliar horizontes e integrar, en sus propias comunidades,
los valores y experiencias de los otros, enriqueciendo de esta manera
su concepción inicial. Es de suponer que las ecoaldeas con mejores
perspectivas de desarrollo serán aquellas que incorporen los tres
aspectos.
En resumen, parece haber un consenso general entre los habitantes de ecoaldeas
del Norte de que el modo de vida actual es ecológicamente insostenible
y de que los cimientos filosóficos y morales de nuestra sociedad
materialista de finales del siglo XX son espiritualmente insatisfactorios.
Tal vez algunos se pregunten ¿por qué apoyar ecoaldeas en
el Norte, cuando las necesidades del Sur son mucho mayores? La respuesta
es simple: es en el Norte donde estamos viviendo insosteniblemente, no
en el Sur. El Norte utiliza 100 veces más recursos per capita que
el Sur. Por tanto, es en el Norte donde la necesidad de cambiar el estilo
de vida es mayor que en el Sur. Es en el Norte donde tenemos la responsabilidad
y los recursos para pasar a la acción.
En el Sur
La situación en el Sur es bastante diferente. La gran mayoría
de la población vive en comunidades rurales que han sido sostenibles
durante siglos, pero que están perdiendo rápidamente esta
situación al ser abandonadas con el éxodo masivo hacia los
suburbios de las macrociudades. Irónicamente, una de las razones
de este desplazamiento es la falsa idea de que viviendo en la ciudad se
conseguirá lo que se percibe como idílica vida en el Norte,
cuando resulta que esta vida es rechazada por los habitantes de las ecoaldeas
del Norte precisamente por insatisfactoria. En realidad, la rápida
urbanización del Sur es tan insostenible como el consumismo del
Norte.
La tarea más importante para el Sur es ralentizar el flujo de personas
hacia las macrociudades y restablecer la sostenibilidad de las comunidades
rurales de siempre. Al contrario que en el Norte, donde es más
fácil crear nuevas comunidades de pequeño tamaño
que reconvertir las existentes, la tarea del Sur es diferente y tiene
dos vertientes:
1. Mantener y restablecer la sostenibilidad de las comunidades rurales
existentes, incluyendo la creación de puestos de trabajo. Esto
ralentizará el proceso de urbanización, pero no lo detendrá.
2. Crear modelos para casas de bajo coste, accesibles a todo el mundo
y construidas con medios locales en ecoaldeas sostenibles sobre la periferia
de las macrociudades, con el fin de absorber en mejores condiciones el
flujo de gente.
Ciudades
El nombre de "ecoaldea" sugiere a algunos la idea de un pequeño
núcleo rural, de carácter tradicional y con escasos medios
tecnológicos. Esto no es así. Se trata más bien de
un término nuevo que enfatiza la dimensión social y ecológica
de la "comunidad", se halle en un medio rural o urbano. Algunos
prefieren el término "ecohábitat" para evitar
esta falsa imagen. Los habitantes de las ecoaldeas no rechazan tampoco
la tecnología moderna. Por otra parte, si en la actualidad la mayoría
de las ecoaldeas del Norte son rurales, ello se debe a que es más
fácil iniciar un proyecto sobre un trozo de terreno virgen. Las
ecoaldeas urbanas serán importantes en el futuro, pero por el momento
son más difíciles de poner en marcha, al menos en el Norte,
debido a una infraestructura hostil y a la ausencia de claros límites
en las ciudades. Un problema adicional es que es más difícil
conformar un grupo homogéneo, con objetivos comunes, a partir de
una comunidad existente, que crear una nueva. La mayoría de los
esfuerzos de sostenibilidad, que hasta el momento se han llevado a cabo
en las ciudades, se han centrado en readaptar, según los principios
de sostenibilidad, servicios estructurales usando fondos públicos.
Se trata sin duda de un paso importante, pero insuficiente. No es equiparable
al hecho de crear una "comunidad". De hecho, muchos de estos
experimentos dejan a la población en una situación de aislamiento
tan grande como antes. Falta el aspecto social, el pegamento que mantiene
a la gente agrupada en torno a una idea común. El concepto urbano
de ecoaldea ha de tener en cuenta estos aspectos sociales.
La Red Global de Ecoaldeas
La Red Global de Ecoaldeas (Global Eco-village Network, GEN) es una red
de ecoaldeas de todo el mundo, impulsada inicialmente por Gaia Trust.
Desde hace 5 años (desde 1991), un grupo "simiente",
de características muy diversas, con diferentes historias y estados
de evolución, ha mantenido un fluido contacto, que ha desembocado
en el actual GEN. Este grupo inicial incluye las siguientes comunidades:
Findhorn community, Scotland; The Farm, Tennessee, EE.UU.; Lebensgarten,
Steyerberg, Alemania; Crystal Waters, Australia; Ecoaldeas Rysovo y Nevo,
Rusia; Gyürüfü, Hungría; Proyecto Ladakh, India;
The Manitou Institute, Colorado, EE.UU. y la Asociación Danesa
de Comunidades Sostenibles.
Estas comunidades fueron elegidas por diversas razones, que incluyen su
dispersión geográfica, su atractivo como modelos, la conciencia
ecológica y espiritual y los contactos personales. Buscábamos
los que pudieran ser los mejores ejemplos de comunidades sostenibles existentes
para todo el mundo. Ninguna de ellas fue considerada como un modelo perfecto,
pero todas tenían algo importante que aportar.
Evolución
Un importante giro en el desarrollo del GEN, tuvo lugar en octubre de
1995, en la conferencia sobre "Ecoaldeas y comunidades sostenibles",
que se celebró en Findhorn. Participaron más de 400 personas
procedentes de 40 países y más de 300 no pudieron ser atendidas
por falta de medios. Todo un éxito, que demostraba el interés
por el tema.
Se decidió entonces establecer 3 redes regionales que cubriesen
geográficamente el globo, con centros administrativos en The Farm,
Lebensgarten y Crystal Waters. Gaia Trust se comprometía a cubrir
los gastos de apoyo a las redes durante 3 a 5 años y a actuar como
secretaría de coordinación desde su oficina de Dinamarca.
Todas las ecoaldeas interesadas, pero también personas o grupos
afines, están invitadas a unirse a estas redes regionales, cuya
forma organizativa se rige por los principios de autoorganización
y de estructura abierta, democrática y no jerarquizada. Conforme
la organización crezca, está previsto que las tres regiones
iniciales se subdividan en varias regiones autónomas. Desde la
conferencia de Findhorn, 3 nuevos nodos se han añadido a la red:
la Asociación Gaia (Buenos Aires, Argentina), Kibutz Gezer (Israel)
y el Instituto Internacional para un futuro sostenible (Bombay, India).
Nuevos nodos adicionales de interés estratégico se irán
añadiendo a medida que el presupuesto lo permita. Se está
programando una reunión en Estambul en junio de 1996, en la que
se prevé la constitución formal del GEN como una asociación
de redes regionales autónomas, pero en la que se incluiría
también, como miembros invitados, a las organizaciones que trabajan
globalmente y que apoyan el proyecto del GEN.
Internet
El GEN ha abierto un espacio informativo en Internet (http://www.gaia.org),
que crece rápidamente. Actualmente tiene más de 800 páginas
y recibe 90.000 visitas mensuales. Este espacio incluirá, en principio,
perfiles de todas las ecoaldeas miembros que lo deseen, se incluirán
también manuales de "cómo hacerlo" para las comunidades
en proyecto, foros de correo electrónico sobre cuestiones de interés
especial (financiación, permacultura, construcción ecológica,
Hábitat II, etc.) y enlaces con otras organizaciones afines, incluyendo
proveedores de "productos verdes" en todo el mundo. Todos son
bienvenidos a unirse a las redes regionales del GEN sin condiciones, no
sólo ecoaldeas existentes o en proyecto, sino también personas
y organizaciones interesadas por lo que está sucediendo.
Tecnología
Una cuestión importante para las ecoaldeas es la de cómo
hacer que la tecnología responda ecológica, social y espiritualmente
a las necesidades humanas, y no al contrario. Otra cuestión importante,
íntimamente relacionada con la anterior, es la creación
de puestos de trabajo en las ecoaldeas. La tecnología tiende a
condicionar la estructura y la organización de la sociedad, lo
que se manifiesta en la promoción de macrociudades invivibles,
en la separación del hogar y del lugar de trabajo, en la institucionalización
de las funciones de apoyo propias de la familia, en la degradación
medioambiental, en la insostenibilidad y el consumismo y en la centralización
y jerarquización de las estructuras. La visión del GEN supone
un cambio estructural radical que invierte estas tendencias. Una parte
importante de la estrategia del GEN es la promoción de tecnología
sostenible. La idea a largo plazo es proporcionar puestos de trabajo sostenibles
en las ecoaldeas, por medio del intercambio tecnológico y de la
cooperación. Tres criterios claves aparecen a la hora de evaluar
la tecnología apropiada en una ecoaldea, por encima de su viabilidad
comercial: 1. que sea ecológicamente sostenible. 2. que su producción
sea descentralizada y a escala humana. 3. que permita una forma de vida
no estresante y contemplativa. La puesta en práctica de estos criterios
llevará sin duda cierto tiempo.
Oficinas regionales
Las personas interesadas en unirse al GEN deben contactar con su oficina
regional más próxima. Por el momento, hay tres regiones
que cubren todo el globo y una secretaría de coordinación
en Gaia Villages (una sección de Gaia Trust) en Dinamarca.
Internet: http://www.gaia.org
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La propuesta de
Gaia Trust/GEN
Propuesta de un programa de apoyo a Ecohábitats para que puedan
servir como modelos en el desarrollo de la Agenda 21
Objetivos
La propuesta consiste en consignar fondos a un comité de la ONU
para que sean destinados a apoyar la realización efectiva de 50
a 70 pequeñas ecoaldeas (de 50 a 2.000 habitantes) en todo el planeta,
tanto en áreas rurales como urbanas. El objetivo inmediato es establecer
ejemplos válidos de cómo puede la humanidad vivir sosteniblemente
en el s.XXI, con la intención de proporcionar modelos apropiados
para ser imitados.
En la selección de proyectos que hayan de recibir apoyo, han de
tenerse en cuenta los siguientes aspectos:
1. Dar prioridad a proyectos existentes, en los que los participantes
ya han demostrado una voluntad y una dedicación suficientes para
construir ecológicamente comunidades sostenibles.
2. Buscar la mayor diversidad de ejemplos: de diferentes países,
climas, densidad de población (urbanos, suburbanos, rurales), cultura
y condiciones locales. Tanto del Norte como del Sur.
3. Incluir diferentes motivaciones: ecológica, social, espiritual,
etc.
4. Dar prioridad a proyectos que comprenden la mayor parte de aspectos
relacionados con la sostenibilidad: energías renovables, construcción
ecológica, funciones de apoyo social, producción ecológica
de alimentos, depuración de aguas, permacultura, reciclado y programas
formativos de alcance regional relativos a todos los aspectos mencionados.
5. Dar prioridad a proyectos capaces de proporcionar soluciones sostenibles
y abordables a un gran número de personas de la región.
Organización
El comité internacional debería consignar fondos, de manera
equitativa, a los comités regionales, que habrían de seleccionar
los proyectos apropiados para ser apoyados en cada región.
Presupuesto
El fondo consignado al comité internacional debería ser
de unos 100 millones de dólares, para poder llevar a cabo el proyecto
en su totalidad. Los fondos asignados a un proyecto particular podrían
ser para cualquier actividad que el comité regional considerara
razonablemente apropiada, por ejemplo, infraestructuras, compra de tierras
o construcción de casas, sueldos para algunas personas, ayuda al
establecimiento de empresas locales. Cada proyecto individual podría
recibir entre medio y un millón de dólares.
Temporización
El presupuesto debería servir para unos cuatro años, incluyendo
evaluación.
Asesores
Los comités regional e internacional deberían dotarse de
asesores expertos en las diferentes áreas de la sostenibilidad
mencionadas antes.
Evaluación
Cada región llevaría a cabo una evaluación de sus
proyectos de acuerdo a los criterios y especificaciones que determinara
el comité internacional.
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Acerca de Gaia Trust a.m.b.a.
El objetivo de Gaia Trust es promover una
conciencia global que considere al planeta en su totalidad como un organismo
vivo y a la humanidad como parte integral del dicha totalidad.
Gaia Trust es una cooperativa danesa sin ánimo de lucro, fundada
en 1987 por un grupo de daneses, que compartían el proyecto común
de una sociedad en la que la gente viva en armonía con la naturaleza.
Gaia Trust define y lleva a cabo, ante todo, sus propios proyectos. Lo
que hace bien a través del apoyo directo a ciertos proyectos, bien
con inversiones a través de dos sociedades complementarias: Gaia
Villages y Gaia Technologies.
Una compañía filial, Gaiacorp, que funciona internacionalmente
en el campo de la gestión de divisas, constituye, con sus ganancias,
la principal fuente de ingresos para las actividades de Gaia Trust.
Gaia Villages apoya todos los aspectos relacionados con el desarrollo
de comunidades sostenibles en todo el mundo, y actúa en particular
como secretaría del GEN.
Fjordvang es una granja situada en el Norte de Dinamarca y la sede de
Gaia Villages. Hamish Stewart es el director de programas de Gaia Villages
y secretario general del GEN.
Gaia Technologies A/S es una compañía comercial que invierte
en tecnologías ecológicamente sostenibles y en negocios
relacionados con ellas. Se centra en tecnologías de escala humana,
que pueden ser utilizadas por los habitantes de las ecoaldeas para generar
empleo local.
Trabajando en ambas áreas, Gaia Trust quiere contribuir al desarrollo
de un mundo ecológicamente responsable y más humano. Nuestro
objetivo es demostrar con proyectos existentes que es posible vivir en
armonía con la naturaleza y con una buena calidad de vida, en una
sociedad altamente tecnificada.
Hasta la fecha, Gaia Trust y Gaia Villages han gastado más de 7
millones de coronas danesas para apoyar más de 70 proyectos ecológicos
en más de 20 países. Por su parte, Gaia Technologies y Gaia
Trust han invertido más de 20 millones de coronas danesas en compañías
"verdes" de Dinamarca.
Para mayor información, contactar con:
Ross o Hildur Jackson
Gaia Trust a.m.b.a.
Storkevænget 8
DK-2840 Holte Denrnark
Tel. 45 42 42 55 81 E-mail: ross@gaia.org
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