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Ecoaldeas y Comunidades
Sostenibles
(Modelos para el siglo XXI)
Selección de
artículos presentados en la Conferencia Ecovillages and Sustainable
communities: Models for the 21st Century, celebrada en la Fundación
Findhorn en octubre de 1995, a la que durante una semana asistieron alrededor
de 400 personas de 40 países para compartir sus experiencias sobre
el tema.
Traducido por Richard Wade e Inés Sánchez del Instituto
de Permacultura Montsant
¿POR QUÉ
ECOALDEAS?
por Robert Gilman
Después de trabajar como astrofísico para la NASA hace 25
años, Robert Gilman decidió que "las estrellas podían
esperar, pero el planeta no". Desde entonces se ha dedicado al estudio
de la sostenibilidad global, a la investigación de visiones futuras
y a las estrategias de cambio social positivo. Junto a Diane Gilman, es
fundador del "Context Institute" y de la revista In Context.
Rodert y Diane Gilman. Context Institute,
P.O. Box 10396. Bainbridge Is/and, Washington 98110 EE.UU.
rgilman@context.org o dgilman@context.org
Context Institute y In Context: http://www.context.org
Antes de entrar en "¿Por qué ecoaldeas?" quisiera
empezar por la cuestión de "¿en qué momentos
de la historia nos encontramos?" Veamos dónde nos encontramos
físicamente.
El cuadro adjunto abarca del 1900 al 2100. Nos encontramos donde las Iíneas
se quiebran. Hasta ese momento, habían crecido exponencialmente
y lo seguirán haciendo hasta un punto que los teóricos de
sistemas y ecologistas llaman "saturación y colapso".
| DOS
FUTUROS POSIBLES
Desarrollo sostenibles versus negocios convencionales |
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Política y cambios de actitud
que podrían, a partir de 1995, conducirnos a un futuro sostenible
Tecnología
• Confianza decreciente en los recursos no-renovables por unidad
de producción industrial (reducida ésta a la mitad en 20
años, al aumentar la eficiencia y el uso de renovables)
• Tecnologías agrícolas mejoradas y conservación
del suelo
• Inversión decreciente en control de la contaminación
(tasa de contaminación reducida a la mitad en 20 años)
Consumo
• Producción industrial per capita limitada a los niveles
aproximados de 1995. El nivel de vida sube con productos de más
larga vida.
Población
• Acceso total a los métodos de control de natalidad
• Cifra media de hijos por familia: 2
• Aumento de la inversión en servicios de tipo humano (50%)
Cuando alguna parte de un sistema crece
tanto que destruye y mina los recursos de los cuales depende, pierde su
capacidad de autosostenimiento y se colapsa. Este es un fenómeno
muy familiar para los biólogos. No hay indicio alguno de que los
humanos como especie nos libremos de este fenómeno. Esto está
representado por la línea de puntos. Lo positivo para mí
está representado por la línea continua, los cambios que
podríamos hacer los humanos en el terreno físico. Puede
que no sean cambios fáciles en el plano social pero sí en
el físico. Son cambios en la tecnología, el consumo y la
población. Me imagino estos tres campos representados por un taburete
de tres patas.
Cuando me hablan de la necesidad de incidir sobre el consumo, la población
o la tecnología suelo responder: ¿qué pata del taburete
lo mantiene en pie? Propongo esta metáfora para que la estudiemos.
¿Y por qué son importantes las comunidades, dados los cambios
que debemos hacer en el plano físico? No hay manera de que lleguemos
a una sociedad sostenible si no abordamos e diseño de nuestras
comunidades. Es decisivo corregir los niveles de consumo de recursos de
nuestras comunidades. Es bueno saber que aquí hay personas que
están reduciendo el consumo de energía en sus comunidades,
y no sólo de energía. Sabemos cómo hacerlo técnicamente
pero no lo estamos haciendo.
Para saber en qué momento de la historia estamos es también
importante abordar el lado social y humano. Revisando la cultura de la
sostenibilidad, he descubierto tres períodos épicos y dos
transiciones intermedias. El primer periodo, el Tribal, ha sido el más
largo. Le siguió la transición a la agricultura y las ciudades,
y después vino el Imperio. Creo que ahora nos encontramos en otra
transición, tan profunda como la primera.
Si nuestras vidas son a veces un poco esquizofrénicas es porque
nos hallamos e medio de dos etapas. Muchas de las características
de nuestras vidas hoy son las de la era en la que entramos, la Planetaria
Sin embargo las actuales instituciones tienen su origen en los pasados
5.000 años de era Imperial. Cuando digo instituciones me refiero
no sólo a los gobiernos sino también a la mitología
que utilizamos y de Ia que estamos empapados.El crecimiento de la población
y la tecnología lo que han hecho es acortar lo ciclos. El karma
nos vuelve con mayor rapidez. Muchos grupos de diferente índole
están dándose cuenta de que no hay beneficio personal si
no es a la vez beneficio para la comunidad y el medio ambiente. Es como
si nos viéramos empujados a lo que antes era más bien una
cuestión moral.
¿Y qué tiene esto que ver con las comunidades y las ecoaldeas?
Creo que las ecoaldeas, las comunidades sostenibles y los barrios con
elevada conciencia ecológica son los asentamientos ideales para
impulsar la nueva cultura. Y ésta no existe si no se comparte con
otros. Si intentamos trabajar a gran escala, la cosa se diluye en abstracciones.
Sólo a escala humana podemos descubrir a los demás y a nosotros
mismos.
Cuando redactamos el informe sobre ecoaldeas para Gaia Trust, tuvimos
que definir la ecoaldea y parece que la definición ha prendido:
"una ecoaldea es la escala humana", o sea, un lugar donde conoces
a los demás, un "asentamiento integral", no sólo
una estructura de viviendas, agrícola o empresarial sino todo ello
a la vez, un asentamiento donde las actividades humanas están integradas
en el medio natural de manera inocua.
Tan importante como la relación con el medio natural es que el
asentamiento sea soporte de un desarrollo humano sano, y que haya un sentido
de celebración en él, como aquí en Findhorn.
Finalmente, la sostenibilidad. Es clave que "la vida de la comunidad
pueda continuar indefinidamente en el futuro", de lo contrario, estaríamos
hipotecando ese futuro Si traducimos esto al nivel práctico vemos
que las ecoaldeas tienen hoy los siguientes retos:
Imaginémoslos como pisos de un edificio. El primer piso es el estrato
físico, o sea, los sistemas biológicos: tratamiento de aguas
residuales, producción de alimentos animales, etc. Luego está
el entorno construido: edificios, carreteras, etc. Estos dos pisos son
partes decisivas de una ecoaldea y, a veces, son las más sencillas,
al menos a juzgar por la experiencia de quienes los han levantado.
Debajo de todo está la parte humana: el sistema económico
y el gobierno. Si éstos no están bien fusionados, los niveles
superiores tampoco podrán estarlo.
Sin embargo, para hacer funcionar la economía, hace falta algún
tipo de hilo conductor en la comunidad, un espíritu, unos sentimientos
y una cultura comunes que mantenga unidos a sus miembros cuando se aborden
los temas difíciles. Y las dificultades muchas veces vienen del
hecho de tener que dar respuesta simultánea a muchas cuestiones;
las relaciones se resienten mientras las necesidades de nuestros hijos
son también diversas. El desafío del sistema en conjunto
es lo que muchas veces colapsa a los miembros de la comunidad o los unilateraliza.
Por tanto hay que descubrir cómo conservar el equilibrio. Las ideas
que en un tiempo pensamos podrían resolver los problemas del mundo
resultan hoy insuficientes. Debemos encontrar el equilibrio entre lo comunitario
y lo privado, entre el presente y el futuro, entre las estructuras tangibles
(los edificios) y las intangibles (el corazón, la mente y la voluntad).
A propósito de esto, una de las trampas en la que creo que caen
las comunidades es el desequilibrio de estas tres partes. Para mi, se
trata, de nuevo de un taburete de tres patas.
¿Por qué ecoaldeas? Sencillamente porque creo que es el
lugar que mejor nos permite entender la esencia de nuestro tiempo, que
no es ni más ni menos que ser parteros de la cultura emergente.
Y esto no podemos hacerlo individualmente sino con los demás y
a una escala comprensible para nosotros.
Y vamos con el tercer taburete de tres patas: nuestra relación
con el medio natural, con los demás respecto a los temas políticos
y sociales y la relación con nosotros mismos en términos
de salud, crecimiento personal y espiritualidad. Todo ello forma parte
de nuestro propio yo.
Los sociólogos han trazado una curva
en forma de "s" y le han dado el nombre de "Difusión
de Innovaciones". Según ésta, ¿qué estrategias
necesitamos si queremos ser agentes del cambio, parteros de las innovaciones?
Las mejores estrategias son las que van cambiando a medida que avanzamos
en la curva. Ocurre a menudo que se tiene una magnifica estrategia en
el momento equivocado.
¿Dónde están, pues, las ecoaldeas? Creo que hasta
ahora hemos estado en el terreno de la "Experimentación"
y de los "Proyectos Piloto" . Por experimentación entiendo
lo que los apasionados e irascibles excéntricos se atreven a hacer.
De esta etapa hemos aprendido mucho, pero aún queda mucho por hacer.
Por otra parte, y aunque los Proyectos Piloto deben continuar, vamos entrando
en la etapa de "Construcción de la Infraestructura y de los
Sistemas de Apoyo". Y no me estoy refiriendo a la carreteras y las
líneas eléctricas, sino a la infraestructura social y de
comunicación, a la Red Global de Ecoaldeas y a esta Conferencia
misma. Me dirijo a toda la gente que ha estado trabajando en ecoaldeas
de una manera aislada. Si nos mantenemos en contacto podremos aprender
unos de otros y entrar en la fase de "Popularización".
Los sociólogos han descubierto que la mejor manera de divulgar
una idea es contactar con la gente que está interesada y motivada,
y ayudarles a desarrollarla, ignorando a los detractores. Si lo que queremos
es boicotear las innovaciones, lo mejor es reunirles a todos ellos y enzarzarles
en una discusión. Un espejismo que nos ha hecho creer la democracia
es que nada cambia si primero no hay una discusión pública
del tema y luego una acción gubernamental.
Bueno, pues esta no es la manera como están cambiando las culturas.
Los empresarios y comerciantes lo saben muy bien: primero introducen un
producto en un mercado reducido, luego consolidan su consumo y de ahí
pasan a extenderlo a otros mercados hasta que logran tener una gran influencia
sobre el cambio social.
Una de las razones por las que las "Políticas Electorales
" van un poco retrasadas en la curva es que el momento de meterse
en esas políticas es cuando pueden ganar votos. No quiero decir
con esto que no haya leyes que cambiar ni algunos espacios políticos
en los que meterse, sino que creo más necesario dedicarse a los
"Proyectos Piloto", construir la infraestructura, contactar
con los que realmente están interesados en lo que estamos haciendo
y esperar el momento oportuno.
Esta conferencia llega en un momento interesante. Creo que dentro de 5
años podremos decir que "en esta conferencia se hicieron muchos
contactos, se crearon muchas redes, se profundizó en la comprensión
y surgieron una gran variedad de eventos.
Aprendimos a tener un brillo especial en los ojos y al volver a ver a
miembros estresados de nuestras comunidades pudimos contestarles así:
"Entiendo lo que te pasa y, sin embargo, siento una gran alegría
interior; descubramos juntos la manera de arreglar el asunto" o lo
que sea.
Sabemos cultivar alimentos que no nos envenenan; sabemos construir espacios
para los peatones y reducir drásticamente las necesidades de transporte,
incluso sabemos bailar juntos y sabemos escucharnos. Si somos capaces
de transmitir esta energía al mundo es que esta conferencia ha
sido el germen de algo excelente.
EL "AGLUTINANTE" DE LA
COMUNIDAD: PROCESOS DE COOPERACIÓN
por Glen Ochre
Glen Ochre es una activista
social con pasión por el poder popular, los estilos de vida y trabajo
cooperativos y por la Madre Tierra. Se formó como trabajadora social
y es especialista en dinamización de grupos.
Glen Ochre. Commonground P. O. Box 474. Seymour, Victoria 3660. Australia
Tel.: +57 938257 Fax: +57 938400
Es un placer estar aquí. Todos lo
dicen, pero es la verdad. Es maravilloso estar con 400 buenas personas
que se preocupan realmente por el planeta. Esto me anima mucho y espero
que a vosotros también.
Formo parte de Commonground, una pequeña comuna rural en Victoria,
Australia, que inicié hace 14 años. Éramos un pequeño
grupo de revolucionarios que trabajábamos en el área de
desarrollo de bienestar social y comunitario, que pensaba que las cosas
podían hacerse mejor. Nos preguntamos qué podíamos
hacer por el mundo. De aquí surgió Commonground, un recurso
para el cambio social de la comunidad. Es un lugar donde la gente puede
venir para estar en el campo y refrescarse.
Commonground tiene 95 acres de tierra preciosa. Hay un solo tejado, una
sola mesa y un solo bolsillo. Educamos a los niños entre todos.
Han nacido 4 niños en la comuna y los compartimos (muchos nos preguntan
si los niños saben quiénes son sus padres. Pues sí,
lo saben). Somos una familia muy unida. No somos propietarios de la tierra
en el sentido tradicional de la palabra: no podemos venderla ni sacar
beneficio de ella. Esto es importante. Ninguna persona individual puede
beneficiarse de Commonground. En su día pusimos todo el dinero
en una bolsa y compramos la finca.
El "aglutinante" de la comunidad (lo que nos mantiene unidos)
es todo lo que ocurre por debajo de nuestros cuellos. Es una zona muy
importante y gran parte de ella es intangible. Creo que necesitamos modelos
de vida cooperativa y oportunidades para compartir los recursos de una
manera diferente. En Australia hay mucho territorio y la tendencia de
la gente es a separarse entre sí, pero yo creo que necesitamos
acercarnos. Creo firmemente en esta necesidad y apuesto con entusiasmo
por ello.
Yo puedo aportar mis años de experiencia. Ahora tengo 51. Empecé
siendo una joven e idealista activista social y ahora soy mucho mayor
y más idealista aún. Quiero aportar mi experiencia de trabajo
con muchos grupos que están haciendo lo mismo que nosotros estamos
intentando, encontrar maneras de trabajar juntos.
Tengo un ilimitado optimismo en nuestra capacidad para encontrar caminos
humanos hacia la sostenibilidad porque creo que internamente lo deseamos.
Parece que en todos nosotros hay un gran anhelo de pertenencia al medio
y de equilibrio con él. Y puede que tengamos miedo de ello. Muchas
personas vienen a Commonground y dicen: "Oh, es maravilloso. Lo que
estáis haciendo es sencillamente fantástico, pero yo no
podría hacerlo... "
Cuando hablo de comunidad. no quiero decir que la gente necesite vivir
en una comuna como la nuestra: hablo de grupos que viven y trabajan juntos
de tal manera que hay interdependencia.
Esta es una palabra clave para mí: a un nivel, confiamos los unos
en los otros.
Otra palabra clave que uso para definir comunidad es "intencionalidad",
es decir, que elegimos vivir juntos. La comunidad es la concreción
de nuestro anhelo de pertenencia. En un tiempo, tuvimos una comunidad
y en parte la seguimos teniendo, es como si lo recordáramos.
Es un recuerdo de hace miles de años y de alguna manera estamos
intentando volver a ese pasado, conectar con él y con ese sentido
de pertenencia, y ello me llena de esperanza.
Me gustaría celebrar esto y hacer un pequeño ejercicio juntos.
Levantémonos. Cogeos las manos entre vosotros, que nadie tenga
una mano libre. Ahora cerrad los ojos y sentid las manos que estáis
tocando. Quizás sean las manos de un extraño. Sentid su
textura, su temperatura, su forma. Moved vuestra mano dentro de la del
otro.
Efectivamente son las manos de un extraño y, sin embargo, son las
de vuestra hermana o hermano, hay una conexión profunda y que viene
de muy atrás. Lo sabemos y lo anhelamos. Es como una memoria genética
que nos dice que conocemos esas manos desde que eran aletas y nadábamos
juntos.
Hay un hilo genético desde entonces hasta ahora, que tenemos piernas
y brazos. Son manos que a lo largo de estos miles de años han crecido
y se han desarrollado y han hecho cosas tan hermosas como recolectar,
cultivar, amar, parir, sostener al moribundo, hacer magia, bailar. Las
manos son, a través de la memoria genética, el punto de
conexión. Y en esas manos, en esas manos preciosas y sagradas que
sostenéis, está la sabiduría y el conocimiento que
necesitamos para que el mundo entre en la siguiente etapa. Sentid lo precioso
de esas manos y su magia. Apretadlas suavemente y ahora miradlas. Y ahora,
sentémonos despacio.
Es en esta conexión en la que se basa mi esperanza de que encontremos
caminos hacia las ecoaldeas y las nuevas formas de vida que tan valientemente
estamos construyendo.
Pero, desgraciadamente, la esperanza no es suficiente. No es suficiente
ser buenas personas (porque sé que lo somos). Tampoco las buenas
intenciones bastan. Muchos grupos (buena gente con buenas intenciones),
se han hundido, y a menudo han sufrido daños. Tampoco basta con
las infraestructuras, aunque sean importantes. Podemos conseguir un equilibrio
perfecto entre lo privado y lo comunitario, permacultura y hasta nuestros
propios excrementos compostados, todo...
El asentamiento puede ser perfecto pero nosotros somos imperfectos. Y
digo esto con cariño. Y es que llegamos con un montón de
equipaje, y lo llevamos con nosotros a la vida comunitaria.
En primer lugar estamos educados en la propiedad privada. Hemos hecho
un profundo cambio desde que nos establecimos y dejamos de pertenecer
a la tierra y pasamos a poseerla. Creemos que debemos poseer la tierra,
guardarla, mejorarla y protegerla, entonces competimos en vez de cooperar.
La mayoría de nosotros está educado en la competitividad.
Creo que debemos investigar en nuestro corazón cómo sentimos
nuestra relación con la tierra . (Yo tengo una relación
con un árbol de 450 años, al que amo mucho, y cuando viajo
llevo una foto de él, igual que la gente que lleva fotos de sus
hijos. Bueno, pues a menudo pienso en poseer este árbol... qué
curioso).
Tampoco estamos preparados para la cooperación dada la educación
que recibimos. Puede que en el subconsciente tengamos muchas buenas ideas
sobre cooperación, pero acordaros del asunto del cuello: nuestro
cuerpo no acaba aquí.
Por debajo del cuello tenemos muchos mensajes grabados que están
en contra del compartir y de la cooperación. Creo que estamos muy
desconectados de nuestros sentimientos. Se nos ha hecho creer que éste
era un terreno difícil y peligroso, así que nos instalamos
en la mente, reprimimos el resto y consiguientemente lo relegamos al inconsciente.
Pero no nacimos así, ¿no? Los niños no son así.
Ellos expresan sus sentimientos. ¿Qué e ocurrió entonces?
Supongo que lo primero es que nuestros padres ya fueron educados en esta
mentalidad; lo segundo, es que muchas cosas nos han herido, desde las
más terribles (como la guerra, la pobreza, la violencia y el abuso
sexual), hasta las menores, por el hecho de vivir en un mundo que no tiene
en cuenta nuestros sentimientos, nuestra alma.
Al niño se le enseña que los sentimientos y muchas opiniones
no son buenas, que son inaceptables. "A la gente no le gustará
que las tengas y te rechazarán", se le dice al niño.
Cuando somos bebés somos muy dependientes, y si no se nos ama y
cuida, morimos. A mi me parece que todos tenemos este temor profundo a
ser rechazados. Es el terror que sentimos cuando nuestra vida está
en peligro. Por eso, cuando algunos asuntos pequeños nos resultan
tan problemáticos es porque sentimos este temor al rechazo. Se
nos ha enseñado a tapar todo esto.
Afortunadamente, si investigamos nuestros sentimientos, hallamos una parte
que confía, que brota del interior para conectar. Lo que pasa es
que enterramos esta parte, igual que una gran proporción de la
creativa, lúdica e intuitiva, y nos apostamos en la torre mental.
Pero en el nivel inferior están buena parte de nuestras necesidades
y deseos. Son esas necesidades profundas de las que nos han dicho que
es mejor no hablar porque en cualquier caso no pueden ser satisfechas.
Pero hay unos asuntos internos que debemos tratar. Algunas personas hablan
de estos asuntos con una cierta truculencia; en realidad es el subconsciente
que está trabajando. Pero, de nuevo, necesitamos aprender el lenguaje
del subconsciente.
Ahora supongamos que nos ponemos a trabajar en los procesos cooperativos,
los que ligarán a los miembros de la comunidad entre si. Tenemos
el lugar perfecto, una buena sopa en la olla, todo en su sitio y nos disponemos
a crear esos procesos cooperativos.
¿Cuáles serán sus elementos constitutivos? Veamos
primero los más evidentes y luego los menos.
Necesitamos una Filosofía Clara. ¿Qué nos une? ¿Por
qué?
Necesitamos una Conexión Espiritual.
El Ingreso en la comunidad también es importante. ¿Con quién
queremos compartir? ¿Cuáles serán los criterios de
ingreso?
Necesitamos Estructuras y Procesos; estructuras legales, de ingreso y
de salida. A algunos no les gustan las estructuras, por ejemplo a los
viejos hippies como yo. Pero no debemos temerlas: las estructuras se pueden
cambiar.
También necesitamos Métodos de Decisión Colectiva.
A los grupos que toman las decisiones por consenso les recomiendo que
aprendan estos métodos. Así mismo pasa que tenemos un concepto
un poco ingenuo de la toma de decisiones, algo así como sentarse
en circulo y cogerse de las manos. Existen formas creativas de tomar decisiones
por consenso.
Necesitamos saber qué Expectativas de los demás tenemos,
cuánto tiempo esperamos que aporten, cuánto dinero, cómo
ayudar en la educación de los niños.
Necesitamos Tácticas, Estrategias y Acuerdos. ¿Cómo
hacer las cosas y cómo llegar a acuerdos? A veces los grupos utilizan
los acuerdos para evitar el conflicto y para no tener que hablar entre
ellos. Escribimos nuestras Tácticas y Estrategias para prever todas
las eventualidades, pero esto no funciona, porque siempre hay situaciones
impredecibles y, entonces, tenemos que hablar.
Necesitamos Métodos de Resolución de Conflictos
Otra cosa por la que siento una gran pasión es nuestra Conexión
y Relación con el Exterior. No creo que sea cuestión de
desaparecer y cocerse en la propia salsa. Me considero una activista social
y una revolucionaria y quiero seguir siéndolo. Es importante el
nexo con el mundo.
Lo siguiente es la Valentía. Es obvio que necesitamos ser valientes
para trabajar juntos y afrontar las dificultades. No sé de dónde
se saca la valentía pero la hallaremos entre todos.
Pasemos ahora a la parte más pegajosa del "aglutinante".
Lo primero es observar nuestros Corazones (fijaos que están por
debajo de nuestros cuellos). Para cambiar algo debe producirse un cambio
en el corazón primero.
También tenemos que aumentar nuestra Autoestima porque ella nos
hace más tolerantes con los demás, quienes, en definitiva,
son como nosotros.
La Tolerancia y la Generosidad son esenciales. Es aquello de pensar: "bien,
me ha hablado con brusquedad pero es que tiene un mal día, no me
lo voy a tomar a pecho". Creo que la Aceptación de nosotros
mismos nos conduce a un mayor grado de Perdón.
También debemos Dejar Pasar, y no sólo en las cuestiones
triviales, sino especialmente en las importantes. Escuchar, con nuestros
corazones. Así, con un poco de suerte, también podremos
hablar con el corazón.
Así mismo, necesitaremos Perseverancia y Paciencia.
La Habilidad para Negociar es importante también. Algunas personas
hablan de seguridad en los grupos. Bien, creo que la Seguridad y la Confianza
en el grupo se derivan de todo lo anterior.
Podemos añadir un poco de Esperanza, Optimismo, Suerte y, no nos
olvidemos, un poco de Diversión. Tiene que ser divertido, con muchas
fiestas y celebraciones.
Luego está, cómo no, el Amor, el que se deriva de apartar
el miedo y descubrir que podemos conectar con los demás.
Para acabar, tenemos ese gran poder, la Bondad Colectiva.
Y ahora quiero acabar cantándoos una canción. No soy cantante
pero me gusta cantar. Dice así:
El poder se mueve, en el cambio de estación.
El poder se mueve, a través del conocimiento antiguo
El poder se mueve, a través de la tierra y el sol
El poder se mueve, a través de todos
DEFINIENDO
NUESTRO PROPIO DESTINO: REVITALIZAR CIUDADES Y PUEBLOS
por Jill Jordan
Jill Jordan es consultora
en desarrollo comunitario, conferenciante y dinamizadora de desarrollo
cultural. Su aportación ha sido clave en algunas iniciativas comunitarias
en Maleny, Australia. Ve en el desarrollo económico comunitario
una alternativa a los sistemas convencionales, caracterizados por unas
instituciones complejas y alejadas del individuo y del entorno. Jill Jordan,
P. O. Box 87. Maleny Q4552 . Australia
Tel +61 74 943312 Fax +61 74 943363
He vivido en la comunidad de Maleny, que es una pequeña ciudad
de Queensland (iba a decir cerca de Crystal Waters, pero en realidad es
Crystal Waters la que está cerca de Maleny) durante 25 años.
Quiero explicaros el proceso de la toma de poder por parte de los miembros
de esta comunidad en los últimos 20 años aproximadamente.
La historia comienza en los 70. Maleny era uno de esos núcleos
rurales pequeños muertos que hay en Australia y el resto del mundo
occidental. La tierra era barata y había un flujo de pobladores
hacia ella.
Cuando llegamos a Maleny, faltaban muchos suministros, como por ejemplo
alimentos integrales. Así que empezamos a cultivarlos.
Un día, media docena de nosotros (muchas cosas comienzan con la
reunión de media docena de personas) pensó que podríamos
cubrir una parte de nuestra necesidades alimentarias con una cooperativa
de productos ecológicos. Así empezó nuestro primer
negocio. Todos teníamos una cierta formación, éramos
de clase media, blancos y ninguno había montado un negocio antes.
Queríamos disponer de alimentos biológicos y poder vender
los excedentes. Era el año 1978.
Lo primero que decidimos es que la cooperativa sería para todo
el pueblo, aunque éste lo ignoraba entonces. Abrimos la primera
tienda y la gente del lugar nos miraba con recelo. Hacíamos cosas
"raras" como reciclar frascos de cristal y bolsas de plástico
Pero las mujeres mayores se fijaron en esto, en valorar los recursos escasos,
algo que ellas conocían muy bien; así que entraron a la
tienda. Al principio se limitaron a traernos sus frascos y bolsas. Vieron
que vendíamos productos locales y preguntaron si ellas podían
traer los suyos.
Poco a poco la gente del lugar se fue implicando. Hoy la cooperativa tiene
650 miembros y 60 productores, y genera 450.000 dólares al año.
Una pequeña y exitosa operación se convirtió en una
grande y exitosa operación.
En 1979, Bill Mollison, "la madre" de la Permacultura, se fue
a los EE.UU. y volvió a Australia entusiasmado con el movimiento
de inversiones éticas. En 1983 nos invitó a una docena de
nosotros a conversar sobre el tema, tras lo cual nos urgió para
que volviéramos a nuestras comunidades y creáramos nuestras
propia instituciones financieras. Ya éramos conscientes de que
hacía falta capital para crea una comunidad.
Tentamos bastantes habilidades técnicas pero nada que impresionara
a un banco. Llevé la propuesta de Mollison a una asamblea de la
cooperativa y tuvo una gran acogida. Así que creamos !a Institución
Crediticia Maleny en 1984. Esta institución se encuentra en el
centro mismo de Maleny y sirve a 3.000 miembros.
Tiene un capital de 9,5 millones de dólares y ha concedido 21 millones
en préstamos para adquirir tierras, casas y pequeños negocios,
que han revertido en la comunidad.
Cuando se administra una organización financiera multimillonaria
uno se da cuenta de que hay problemas inherentes al dinero. No importa
si administras bien, si consigues abaratar costos o si estrechas el espacio
entre los que tienen dinero y los que no tienen: los ricos son más
ricos y los pobres más pobres.
Pero aquí, de nuevo, nuestra entrañable Permacultura viene
a rescatarnos. Lea Harrison, otra estupenda profesora de permacultura,
estaba en los EE.UU. trabajando cuando se encontró con Michael
Linton, quien había inventado una estrategia económica alternativa
llamada LETS, Sistema de Comercio e Intercambio Local (que posteriormente
se transformó en Sistema de Comercio y Empleo Local y posteriormente
en Sistema de Transferencia de Energía Local).
Este sistema permite comerciar sin dinero. Recupera el concepto de que
la riqueza de una comunidad reside en sus bienes y servicios, no en su
dinero. En la actualidad tenemos una economía dual que satisface
todas nuestras necesidades.
Lo maravilloso de LETS es que no sólo es una herramienta económica
sino también un cohesionador de la comunidad. En Maleny, el LETS
cuenta con 800 miembros y produce unas 25.000 unidades al mes.
Tres años después de la creación de la Institución
Crediticia, se produjo el derrumbe de Wall Street. De la noche a la mañana,
las tasas de interés en Australia bajaron de 17% a menos del 9%,
pero las tasas de la Institución Crediticia se mantuvieron en el
13 %. Nunca hemos seguido las tasas de interés del exterior.
De hecho, la gente del lugar vino en tropel a depositar su dinero. Nosotros
les dijimos que utilizaríamos su dinero en proyectos locales y
que, si no les interesaba, era mejor que se fueran. Bueno, algunos lo
hicieron pero otros dejaron su dinero y hoy son de los inversionistas
más importantes.
Creo que las dos áreas en las que la gente necesita tomar el poder
son el sistema monetario y el gobierno. Este último tiene una influencia
diaria sobre nosotros.
Hacia 1991 otra mujer y yo fuimos elegidas para el Ayuntamiento. Esto
suponía que una parte de la comunidad extendida de Maleny accedía
al poder. Así, pudimos introducir algunos cambios, hicimos públicas
las reuniones e impulsamos la participación local, realmente reducida
y conservadora hasta entonces.
Así mismo creamos la Fuerza Rural Especial, que surgió de
una consulta comunitaria mientras estábamos en el Ayuntamiento.
Esta Fuerza la componían 180 personas y su cometido era velar por
que se hiciera un uso sostenible de la tierra, no sólo en beneficio
de las personas de la comunidad, sino de toda la ciudad.
En 1993 vimos nacer nuestro primer gremio, el de artesanía, que
comenzó con tres artesanos. Hoy hay 23 y tienen una tienda con
una amplia gama de artesanías.
También se creó un cineclub, para que pudiéramos
elegir las películas que queríamos ver. En 1994 decidimos
que había llegado el momento de abrir un Club de la Cooperativa,
un lugar donde se ofrece buena comida, bebida y música local en
vivo. Está actuando como catalizador de la comunidad. Trabajamos
con tesón y también tocamos con tesón.
También se ha abierto un Centro de Aprendizaje de la Cooperativa.
Y ha surgido el Grupo Colinas Verdes de Maleny, que tiene una estrategia
interesante. Lo crearon los profesionales y los hombres de negocios de
la ciudad después de que el Ayuntamiento volvió a los negocios
convencionales tras las últimas elecciones, lo que significaba
desarrollo a toda costa. Estas personas se reunieron y decidieron que
no aceptaban la situación.
La comunidad ha llegado a controlar sus asuntos de tal manera que ha creado
una Fundación que le permite comprar tierras que, de otra manera,
serían explotadas por el gobierno local.
Como podéis ver, hemos llegado a ser una comunidad que sabe lo
que quiere y, lo más importante, que sabe cómo conseguirlo.
Ahora Maleny está en un punto interesante. Con la experiencia acumulada,
muchas personas han creado organizaciones. Empezamos con lo básico,
la comida y el dinero; luego seguimos con la tierra, las casas y la energía;
luego la gente fue creando sus propios ingresos y finalmente, la cultura,
la comunicación y la educación. Es el mismo proceso que
se ha dado en otras comunidades. Creo que ha sido un proceso bastante
orgánico.
Lo que quiero deciros es que lo que hemos construido en Maleny puede hacerse
en cualquier lugar. Maleny es especial pero igual lo son otras comunidades.
Nos hemos dado cuenta de que aunque las estrategias sean diferentes, los
elementos son los mismos, y extrapolables a todo el mundo.
En primer lugar, deben responder a una necesidad, una necesidad comunal.
No importa cúan buena sea la estrategia, si no responde a una necesidad
de la comunidad, no despegará.
También se necesita a alguien que vele por esa estrategia. Personas
que inventen estrategias y personas que mantengan la perspectiva.
Lo siguiente es no hacer proyecciones sobredimensionadas: más vale
un éxito pequeño que una gran derrota. Si comenzamos pequeños
y sostenibles, nos mantendremos sostenibles.
Finalmente, el desarrollo de habilidades es importante. Y no sólo
de las técnicas, administrativas y financieras, sino sobre todo
de las interpersonales: aprender a ayudar a la gente a tomar decisiones
importantes y a resolver conflictos. Si reúnes a un grupo de personas,
sabes que habrá conflictos y, sin embargo, sin organizaciones no
se puede avanzar.
Ahora quisiera hablar de la manera de poner en práctica estas estrategias
en la comunidad; es muy diferente revitalizar ciudades y pueblos que crear
"asentamientos verdes", como nosotros les llamamos.
Nuestras relaciones con la gente de Maleny al principio fueron de confrontación.
Fuimos bastante maleducados. Considerábamos enemigos a los granjeros
y les reprochábamos el mal uso que hacían de la tierra.
No comprendíamos que estaban haciéndolo lo mejor que sabían
ni que temían perder su medio de vida; porque nuestra llegada representaba,
de alguna manera, una amenaza a su continuidad.
La vieja ética dice que hay dos tipos de personas: las que dicen
lo que se debe hacer y las que lo aceptan. Pero la toma de poder que nosotros
proponemos significa que todos asuman la responsabilidad de sus decisiones.
Esto último es radicalmente opuesto a la antigua manera de pensar
y, sin duda alguna, es amenazador.
Es importante averiguar de dónde viene ese miedo y trabajar con
él (personalmente estoy en este punto de crecimiento personal,
y estoy haciendo avances). Reconocerlo y encontrar la manera de superarlo.
Os voy a explicar algunos métodos para sobreponerse a ese miedo...
Ofrecer mucha información, permanecer receptivos y dar tiempo para
que la gente cambie de opinión. Estudiar las habilidades de cada
uno.
Por ejemplo, si queréis saber qué árboles plantar
en la zona, debéis ir al carpintero y preguntar. Hay realmente
muy pocas personas que se nieguen a darte ayuda cuando se la pides.
El miedo se resquebraja con el trato directo y la comprensión.
Ahora quisiera comentar los problemas que nos hemos encontrado a la hora
de crecer. Cuando existe una comunidad viva, es como acercar las polillas
a una llama.
En Maleny hemos tenido un crecimiento anual del 8'5 %, lo cual es muchísimo.
Esto crea problemas, sobre todo con la gente mayor, quienes se sienten
desplazados al pasear por la calle y no conocer a nadie.
Cuando hay un movimiento de gente hacia un lugar, sólo el 30 %
consigue un trabajo en la zona, en la construcción, el comercio
y en el desarrollo derivado del mismo crecimiento; y se debe ayudar al
otro 70% a generar su propio trabajo. Para nosotros es importante estar
abiertos como comunidad y ofrecer oportunidades a las personas que quieren
incorporarse.
Ahora tenemos en Maleny a gente de otras partes de Australia que viene
a aprender sobre el terreno para luego aplicarlo a sus comunidades de
origen. Lo que os vengo a decir es que todo lo que habéis oído
es aplicable en todo el mundo y que está bien que se haga.
Cada comunidad es única, tiene sus propias habilidades y su diversidad.
Nuestro deber es dar a nuestras comunidades la capacidad de funcionar
por si mismas, a su manera, potenciando su idiosincrasia.
DE
LA ALDEA GLOBAL A UN GLOBO DE ALDEAS
por Helena Norberg-Hodge
Helena Norberg-Hodge. es directora de la Sociedad Internacional para
la Ecología y la Cultura, miembro fundador del Foro Internacional
sobre Globalización, y de Codoca (Consejo para el Desarrollo Sostenible
de Asia Central). Desde 1975 ha trabajado con los Ladakh en modelos de
desarrollo alternativos.
Para conseguir el texto original o para información relativa a
la SIEC (incluido grupos de estudios comunitarios) por favor ponerse en
contacto con la International Society for Ecology and Culture, o Helena
Norberg-Hodge 21, Victoria Square
Clifton Bristol, BS8 4ES, UK
Tel +44 (0117) 973 1575 Fax +44 (0117) 974 4853
Para mí, el movimiento de ecoaldeas
representa una de las más esperanzadoras e importantes tendencias
actuales a nivel global. El deseo de un creciente número de personas
de vivir de una manera gratificante en el plano social y espiritual, y
sostenible económicamente, puede crear los modelos que necesitamos
para el nuevo milenio. De hecho, estoy convencida de que el Norte debe
abrazar esta causa porque es quizás la única manera de evitar
la catástrofe social y el colapso medioambiental.
Pero para entender el significado de las ecoaldeas, es esencial examinar
las tendencias interrelacionadas de la economía mundial y el rápido
crecimiento de las ciudades.
Impulsada mediante acuerdos como los de Maastricht, GATT (Acuerdo Global
sobre Tarifas y Comercio) y NAFTA, la globalización de la economía
constituye la mayor sacudida social desde la revolución industrial.
Las consecuencias de estos acuerdos son tremendas: aumento del crimen,
violencia fundamentalista y xenofobia; paro y pobreza crecientes; pérdida
de autoestima, de comunidades e incluso de democracia. Pero a pesar de
estos penetrantes y poderosos cambios, pocos son conscientes de las derivaciones
de estos acuerdos.
Basados en el dogma simplista de que el "libre comercio" es
bueno para todos, se están imponiendo estos cambios sistemáticamente
(de nuevo, anclados en un paradigma económico estrecho y obsoleto)
sin la implicación de la gente y, a menudo sin el entendimiento
de sus múltiples efectos por parte de los políticos.
Un problema importante es que el sistema global se ha vuelto tan complejo
y vasto que pocos pueden reconocer sus limites. Sin embargo, para invertir
la tendencia y ayudar al crecimiento del movimiento de ecoaldeas es esencial
saber cómo funciona el sistema económico.
Mucha gente, especialmente los activistas de base y las mujeres, se inhiben
en cuanto oyen "comercio" o "economía". Suelen
pensar que estos temas tan importantes son tan abrumadores, que creen
que no pueden hacer nada.
Pero, precisamente, entender de economía produciría el efecto
opuesto, sentirnos más dueños de nuestro poder.
Es necesario conocer la visión de conjunto de un sistema expansionista
dirigido por enormes monopolios y basada en la idea de la "ventaja
comparativa".
Esta teoría, en la base del crecimiento permanente, fue formulada
originalmente por Adam Smith y Ricardo y dice así:
"A nivel local no hay que producir una gran variedad de productos
para el propio consumo; habrá más prosperidad si la producción
es especializada y basada en la exportación".
En un cierto sentido, la aplicación de estas ideas puede haber
producido los efectos opuestos, pues durante casi 200 años los
gobiernos proindustriales han estado subvencionando a ciegas y fomentando
más y más comercio sin valorar su impacto en la sociedad
y el medio ambiente.
Para decirlo sencillamente, este proceso comenzó en la era colonial
cuando grandes compañías como la de las Indias Orientales
empezó a sacar provecho de las materias primas baratas de las colonias.
Al principio, estas compañías vieron sus actividades recortadas
por las leyes antitrust, pero con el tiempo (y en parte a causa del avance
tecnológico) se hicieron tan grandes que consiguieron el control
monopolístico del comercio mundial y, por tanto, de las economías
nacionales.
Estas grandes empresas multinacionales no se han hecho poderosas por una
actitud conspiradora consciente, pero han acabado por tener más
poder y riqueza que los propios gobiernos.
Estas empresas están detrás de las políticas que
afectan nuestras vidas; sobre todo, han contribuido a fomentar los tratados
de Comercio "Libre".
Los medios de comunicación de masas están controlados por
estos mismos monopolios y fomentan de forma incuestionable las ideas de
globalización, así como, a través de la publicidad,
la avidez por el consumo que es la base para su subsistencia.
Se nos dice que estos tratados nos unen, pero, de hecho, han elevado la
competitividad y el paro increíblemente. Estos procesos no sólo
nos separan sino que han creado y exacerbado las tensiones étnicas.
Un cierto grado de especialización en la producción y el
comercio global quizás pueda elevar el nivel de vida a nivel mundial.
Pero hemos obviado cómo nuestras propias políticas económicas
han ayudado a crear y fomentar los monopolios.
Por ejemplo, en Kenia la mantequilla holandesa cuesta la mitad que la
nacional.
Cualquier niño se preguntaría: "¿Es esto eficiente?
¿Por qué se transporta la mantequilla a 10.000 millas de
distancia? Las grandes empresas son favorecidas mediante subsidios indirectos
y con el apoyo de ciertas legislaciones.
El dinero de los contribuyentes se dirige cada vez más hacia el
comercio y el transporte en detrimento de los pequeños productores
y empresas. En España, por ejemplo, aunque todavía hay preciosos
mercados con productos frescos de granjas cercanas, la influencia de los
grandes es tal que el ajo importado de China se vende a la mitad de precio
que el español.
La presión psicológica para formar parte de la monocultura
global es también muy destructiva.
A la gente joven de los países desarrollados se le ha hecho desear
los productos importados a través de modelos estereotipados y una
estrategia de mercado que inculca en la gente el sentimiento de que "los
productos locales son una mierda y los importados buenos"
Por ejemplo, las mujeres en China se están operando los ojos para
que parezcan occidentales. En Occidente, las mujeres tampoco pueden vivir
al nivel de las expectativas creadas para ellas a través de los
medios de comunicación de masas. Deberíamos tomar conciencia
de cómo la economía global competitiva nos está haciendo
sentir "mierda" creándonos una sensación de inadaptabilidad.
De igual manera, se considera "utópico" proponer la ruralización
de América o Europa y, en cambio nadie se rasga las vestiduras
porque China planee instalar a 440 millones de personas en las ciudades
en las próximas décadas.
Esta "modernización" china es parte del mismo proceso
que ha provocado crecimientos urbanos incontrolables en todo el Sur, de
Bangkok a Méjico, Bombay, Yakarta y Lagos, ciudades donde el paro
es muy elevado y hay millones de personas sin casa o que viven en infraviviendas:
el tejido social se está deshilachando.
La urbanización continúa incluso en el Norte. Se están
desmantelando sistemáticamente las comunidades rurales y su población
llevada a megalópolis suburbanizadas. En los EE.UU., donde sólo
el 2% de la población vive en el campo, las granjas están
desapareciendo a un ritmo de 35.000 al año. Es imposible ofrecer
este modelo al resto del mundo, donde la mayoría se gana la vida
como granjeros. Sin embargo, quién hay que diga:" ¡Somos
demasiados para ir a la ciudad!"
Por el contrario, se nos dice que la urbanización es necesaria
a causa de la superpoblación, e implícitamente afirmando
que la centralización es más eficiente y que las poblaciones
urbanas consumen menos recursos.
Pero si estudiamos los costes reales de la urbanización en la economía
global, la verdad es la contraria: las ciudades de todo el mundo consumen
recursos intensivamente. Los sistemas centralizados y a gran escala son,
casi sin excepción, más dañinos para el medio ambiente
que la producción adaptada a las necesidades locales, diversificada
y de pequeña escala.
La comida y el agua, los materiales de construcción y la energía
se deben transportar a grandes distancias mediante infraestructuras de
alto consumo energético. Los desechos concentrados de las ciudades
deben transportarse en camiones e incinerados con un gran coste para el
medio ambiente. Sus torres iguales de aluminio y cristal con ventanas
que nunca se abren, hasta se les debe proveer de aire mediante ventiladores,
bombas y energía no renovable.
Desde los barrios más ricos de París hasta los arrabales
de Calcuta, la población urbana depende del transporte para su
comida, de tal manera que cada unidad energética de comida necesita
varias de consumo de petróleo y cantidades significativas de contaminación
y basura.
Y lo que es más, estos centros urbanos occidentalizados (en el
Brasil tropical, el árido Egipto o la Escandinavia subártica)
utilizan todos el mismo reducido espectro de recursos y desprecian los
métodos que se adaptan mejor localmente y que utilizan los recursos
del lugar, el conocimiento y la biodiversidad.
Aunque a los niños de los pueblos pesqueros noruegos les gusta
comer bacalao y la gente de la llanura tibetana prefiere su común
cebada, cada vez más se les induce a comer lo mismo. A la gente
en todo el mundo se la empuja a la monocultura, destruyéndose así
la diversidad cultural y biológica.
La economía global urbanizante está creando así una
escasez artificial; ignora los sistemas locales de conocimiento y educa
a los niños a ser dependientes de una economía altamente
centralizada. Las consecuencias son tasas elevadísimas de desempleo,
competitividad creciente y conflictos étnicos en ascenso.
Precisamente porque hay tanta gente, se debe abandonar el modelo de economía
global que sólo puede alimentar, dar casa y ropa a una pequeña
minoría. Es esencial apoyar sistemas inteligentes y modelos económicos
basados en un verdadero entendimiento de la diversidad de las regiones,
y sus climas. suelos y recursos. Es esencial apoyar el movimiento de ecoaldeas
Como carecemos de formación económica somos inconscientes
de las conexiones entre la economía y la dimensión espiritual
y psicológica de la vida.
Estoy convencida de que los seres humanos tenemos un gran anhelo de conectarnos
con la tierra y entre nosotros. Esta ansiedad por conectarnos se puede
ver en casi todos los aspectos de la vida: en el campo de la salud, donde
la dirección apunta a reconocer la interdependencia entre tierra,
cuerpo, mente y espíritu; en arquitectura, donde hay una tendencia
a relacionar las estructuras con las peculiaridades del clima y el lugar;
en agricultura, que cada vez se aleja más de la industria agroquímica
y se acerca a los métodos ecológicos, incluso a nivel institucional;
y, por último, pero no menos importante, en el movimiento de ecoaldeas
que busca fusionar toda esta ansiedad por conectarse.
Sin embargo, las fuerzas macroeconómicas están minando estos
esfuerzos separando a productores y consumidores y expulsando la población
rural a las ciudades.
En Occidente hay concepciones muy profundas que coadyuvan a estas fuerzas.
Hay una tendencia a pensar que las inquietas áreas urbanas son
el centro de la cultura y la diversidad, y las pequeñas comunidades
locales puntos aislados donde la estrechez de miras y los prejuicios son
la norma. Tampoco es de extrañar.
El proceso de industrialización ha supuesto la sistemática
eliminación del poder político y económico de las
zonas rurales, junto con la consiguiente merma de autoestima de su población.
En las comunidades pequeñas hoy la gente está viviendo en
la periferia mientras el poder e incluso lo que llamamos "cultura"
está centralizado en otro lugar.
Durante generaciones se ha estado marginando la vida rural en Occidente,
por lo que los occidentales tienen una visión distorsionada de
lo que puede ser la vida en las comunidades pequeñas.
Incluso en el Tercer Mundo, hecho de pueblos, el colonialismo y el desarrollo
han dejado una marca indeleble. Para saber cómo son las comunidades
cuando la gente conserva el poder económico real, deberíamos
retrotraernos (cientos de años atrás en algunos casos) a
antes de que estos cambios ocurrieran.
Yo vi con mis propios ojos cómo la cultura comunal y confiada de
Ladakh (o el Pequeño Tíbet) se transformó con el
desarrollo económico. La cultura tradicional se caracterizaba por
su vitalidad, alegría y tolerancia, valores claramente conectados
con la autoestima y el control de la propia vida.
El desarrollo económico significó el desmantelamiento de
la economía local, o lo que es lo mismo, el poder local de decisión
se trasladó de los pueblos y las casas a centros burocráticos
en lejanas ciudades; los niños fueron educados en un estilo de
vida que nada tenía que ver ni con los recursos locales ni con
sus mayores; la gente se vio de repente invadida por los medios de comunicación
de masas e imágenes publicitarias que presentaban la vida urbana
como excitante e importante y la vida del campesino como atrasada y primitiva.
La consecuente pérdida de poder y autorrespeto han generado una
mentalidad mezquina y de estrechas miras, así como división
y fricciones. Si las fuerzas económicas continúan minando
la autoestima y la vitalidad cultural, la vida rural futura en Ladakh
no será muy diferente de la de cualquier ciudad pequeña
típica de Occidente.
Otro mito manido cuando pensamos en ecoaldeas y economías de escala
humana es el de "hay demasiada gente como para volver a la tierra".
Se olvida con demasiada facilidad que la mayor parte de esta población
(sobre todo del Tercer Mundo) vive en la tierra.
Ignorarla, es decir, hablar de la urbanización como si fuera una
condición inherente a las personas, es peligroso pues no hace sino
incitar a la urbanización misma.
En el Norte, donde la mayoría nos hemos separado de la tierra y
entre nosotros tenemos que hacer grandes avances. Pero incluso en regiones
muy urbanizadas, es posible hallar la conexión con el lugar y con
las personas.
Las ciudades pueden recobrar su carácter regional, ser más
habitables y menos gravosas para el medio ambiente si se rehace de nuevo
el tejido de las comunidades pequeñas dentro de ellas y se dirige
su actividad económica hacia los recursos naturales locales.
Nuestro trabajo será más fácil si apoyamos las comunidades
locales que quedan y a los pequeños granjeros; ellos son la clave
para reconstruir la base agrícola sana de unas economías
más diversas.
Mucha gente cree que sólo hay dos modelos económicos: el
comunismo centralizado y el capitalismo de las multinacionales aún
más centralizado.
Hay incluso quien dice que, tras la victoria en la guerra fría
del capitalismo de las multinacionales, "la historia ha acabado".
Sin embargo, hay una tercera alternativa, una alternativa de descentralización
que permite a la gente diseñar el terreno de juego de los negocios
a través de procesos democráticos y un gobierno sensibilizado.
De esta manera, la gente podría participar en determinar qué
ayudas deben concederse y qué límites poner a las actividades
económicas. Para lograr esto, se deberían reformular los
tratados de Maastricht y el GATT.
Si se eliminaran los subsidios ocultos, el movimiento de las ecoaldeas
podría crecer con bastante naturalidad.
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